miércoles, 6 de marzo de 2013

Conversión y acogida


IV Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Jos 5,9-12  -  2Cor 5,17-21  -  Lc 15,1-3. 11-32

Yo aquí me muero de hambre
Cuando el hijo menor gastó todo el dinero que recibió de la herencia, vino un hambre terrible en aquel país -el país de las maravillas-.
Se pone a trabajar cuidando cerdos, pero nadie le da de comer.
Como siempre, en los países donde hay injusticia y explotación, pocos ricos viven bien a costa del salario de hambre de las mayorías.
Fue entonces cuando  piensa que en la casa de su padre los trabajadores tienen pan en abundancia.
 
Luego, reflexiona, decide levantarse, volver a la casa de su padre y decirle: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus trabajadores.
Sobre el hambre meditemos en los siguientes textos de Lucas:
*Dios derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes,
colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos.
*Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados.
¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque tendrán hambre!
*Cuando des un banquete, invita a pobres, inválidos, cojos y ciegos.
*Había un hombre rico que se vestía lujosamente
y todos los días realizaba espléndidos banquetes.
Había también un pobre llamado Lázaro cubierto de llagas,
que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico.
La siguiente historia de dos hermanos, trata el problema de la sed.
Abraham tuvo dos hijos: Ismael el mayor, en Agar una esclava;
e Isaac el menor, en Sara su esposa que era anciana y estéril.
Como Ismael se burlaba de Isaac, Abraham despidió a Agar e Ismael.
Ambos caminaron por el desierto hasta que se les acabó el agua.
Agar abandona a su hijo bajo un matorral para no verle morir.
Pero Dios al oír los gritos del niño, llama a Agar y le dice:
No temas, he oído el llanto del niño. Levántate, busca al niño, 
y no lo sueltes, pues yo sacaré de él un gran pueblo (Gen 16 y 21).

El hijo mayor se enojó y no quiso entrar
En esta parábola, el comportamiento del hijo mayor viene a ser
un reflejo de la conducta de los fariseos y maestros de la ley, quienes
critican a Jesús porque acoge y come con publicanos y pecadores.
El hijo mayor se comporta: no como hijo, tampoco como hermano.
Reprocha a su padre diciéndole: Mira, tantos años llevo sirviéndote,
sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito
para tener un banquete con mis amigos.
También niega y calumnia a su hermano: Pero, cuando ha llegado
ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas,
has matado para él el ternero más gordo.
Si algún día va al templo, sin duda repetirá la oración del fariseo:
Oh Dios, yo te doy gracias porque no soy como los demás hombres
que son ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano…
Y si alguien le pregunta: ¿Dónde está tu hermano?, responderá:
No sé, ¿soy yo, acaso, el guardián de mi hermano? (Gen 4).
Por algo será que el hijo menor prefirió abandonar la casa paterna.

El padre acoge a sus hijos con entrañas de misericordia
El padre acoge a su hijo menor con entrañas de misericordia:
Lo ve, se conmueve, corre a su encuentro, lo abraza y lo besa.
Luego dice a sus servidores: Rápido, tráiganle el mejor vestido, 
pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Además, ordena que maten el ternero más gordo para celebrar
un banquete; porque su hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida,
se había perdido y ha sido encontrado. Y comenzó la fiesta.
Este padre misericordioso acoge también a su hijo mayor:
El padre sale y le ruega para que entre a la casa. Luego le dice:
Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto
y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado.
Durante varios años Esaú busca matar a su hermano Jacob.
Pero un buen día ambos hermanos se reconcilian:
Esaú corre al encuentro de su hermano Jacob, lo abraza, se echa 
sobre su cuello y lo besa. Los dos se ponen a llorar (Gen 33,1-4).
Jesús nos invita a todos a sentarnos alrededor de una misma mesa,
para celebrar nuestra filiación… y nuestra fraternidad…
J. Castillo A.

martes, 26 de febrero de 2013

Conversión y misericordia


III Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Ex 3,1-8. 13-15  - 1Cor 10,1-6.10-12  - Lc 13,1-9

Las desgracias que ocurren por obra humana o por desastres naturales, no son castigos de Dios como muchas veces escuchamos decir.
Todos somos hijos de un Padre misericordioso que hace salir el sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos (Mt 5,45)

Conversión: don de Dios y tarea humana
Entre los años de 1980 al 2000, los peruanos hemos vivido un tiempode vergüenza y deshonra, ocasionado por el conflicto armado interno. Fueron más de 70 mil niños, jóvenes, adultos y ancianos que fueron torturados, asesinados o desaparecidos por las organizaciones subversivas (SL y MRTA) y por agentes del Estado (FF.AA. y PNP).
También fue escandaloso que gran parte de la población peruana con su indiferencia no hizo nada por impedir esta catástrofe humana.

Siguiendo el Evangelio de hoy, escuchemos a Jesús que nos dice:
¿Acaso esas personas asesinadas eran más pecadoras que los demás?
Les digo que no. Y si ustedes no se convierten acabarán como ellos.
¿Hay voluntad política para buscar la verdad y la justicia?
El Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho?
El 5 de diciembre de 1928, durante la construcción de una chimenea
en la mina María Elvira, se originó el desembalse de la laguna
Morococha (Junín), debido a un mal cálculo en las excavaciones.
En esa ocasión murieron 28 obreros en el interior de los socavones.
¿Acaso aquellos trabajadores eran más pecadores que los demás?
Les digo que no. Y si ustedes no se convierten acabarán como ellos.
La primera lectura nos habla de la esclavitud del pueblo hebreo.
Dios compasivo y misericordioso, se aparece a Moisés y le dice:
He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus lamentos 
cuando lo maltratan sus opresores, conozco sus sufrimientos. 
He bajado para liberar a mi pueblo de la opresión de los egipcios…
¿De qué opresiones debemos liberarnos en la actualidad?
Todos queremos vida, sin embargo: los intereses de los grupos
económicos y tecnológicos arrasan irracionalmente las fuentes 
de vida en prejuicio de naciones enteras y de la misma humanidad. 
Las generaciones que nos suceden tienen derecho a recibir: 
un mundo habitable… y no un planeta con aire contaminado, 
con aguas envenenadas y con recursos naturales agotados (DA, 471).

Señor, déjala todavía este año
Han pasado ‘tres años’ y la higuera no da frutos (cf. Is 5,1-7).
Para Jesús debió ser desalentador encontrar a muchas personas
que escuchan sus enseñanzas, pero no dan señales de conversión.
Como no cambian ni se arrepienten… ¿será mejor cortarlas?
También, en nuestros días, hay cristianos estériles que no dan frutos,
siguen ocupando inútilmente un lugar en la sociedad y en la Iglesia.
Entonces, los que creen poseer la verdad gritan: ¡Que los corten!
Mientras éstos gritan, abramos los evangelios para ver que hay:
-Leprosos que viven excluidos por la sociedad y la religión.
-Pecadores que se levantan y vuelven a la casa paterna.
-Mujeres de mala vida despreciadas y condenadas a morir apedreadas.
-Discusión entre los discípulos para saber quien es el más importante.
-Pedro que niega a Jesús… y el abandono y huida de los discípulos.
¿Será mejor cortarlos? ¿Quién de nosotros lanzará la primera piedra?
Felizmente, el viñador intercede para salvar la higuera estéril y dice:
Señor, déjala todavía este año, cavaré alrededor y le pondré abono, 
tal vez así dé frutos. Si no, el año que viene la cortarás.
Con la frase ‘tal vez’ empieza el año de gracia, el tiempo de espera,
de un Dios cuya gloria es que el hombre y la mujer tengan vida.
Al cumplir 32 años de edad, Agustín sigue buscando la verdad.
Sentado bajo una higuera llora… y empieza a dar los primeros pasos
para ser bautizado… Él mismo lo dice en sus Confesiones (VIII, 12):
¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo? ¿Esperar hasta mañana?
¿Y por qué no poner fin a mis torpezas en esta misma hora?
Pero he aquí que oigo una voz como la de un niño que decía cantando
y repitiendo varias veces: ¡Toma y lee!... ¡Toma y lee!...
Entré a la sala, abrí la carta de Pablo a los romanos y leí lo siguiente:
“Actuemos decentemente como en pleno día. Basta de banquetes
y borracheras, de inmoralidades y vicios, de envidias y peleas.
Al contrario, revístanse del Señor Jesucristo” (Rom 13,13-14).
J. Castillo A.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Éste es mi Hijo, escúchenlo


II Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Gen 15,5-12.17-18  - Fil 3,17-4,1 - Lc 9,28-36

Maestro, ¡qué bien estamos aquí!
Hay semejanza entre el Evangelio de hoy, Transfiguración de Jesús,y el texto de su agonía en el monte de los Olivos (Lc 22,39-46). Ambos textos nos hablan de: Monte… Oración… Cambio de aspecto de Jesús… Aparición de figuras celestes… Camino de la cruz… Sueño de los discípulos. Se trata del triunfo de la vida sobre la muerte, que viene a ser el camino de liberación para los oprimidos de hoy.
Después de la confesión de Pedro, Jesús anuncia a sus discípulos que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado… tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día (Lc 9,22).
Luego, con Pedro, Santiago y Juan, Jesús sube a un monte para orar. Mientras ora su rostro cambia de aspecto. Moisés y Elías conversan con Él sobre su próxima muerte (éxodo) que tendrá lugar en Jerusalén.
Fue entonces, cuando Pedro dice: Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Con estas palabras Pedro quiere detener la historia y quedarse allí, quiere alcanzar la meta pero sin pasar por el camino de la cruz; y, como lo indica el evangelista Lucas, Pedro no sabía lo que decía.

Hoy en día, cuando muchos niños y niñas: -son golpeados por
la pobreza desde antes de nacer… -son víctimas de la prostitución,
pornografía, violencia y trabajo infantil… -viven abandonados
caminando por las calles… ¿podemos decir: qué bien estamos aquí?
Cuando muchos jóvenes viven desorientados y frustrados al recibir
una educación de baja calidad… sin oportunidades de progresar
ni de encontrar trabajo… ¿podemos decir: qué bien estamos aquí?
Cuando muchos hombres y mujeres son privados de sus tierras…
sobreviven con salarios de hambre… están sometidos a fríos cálculos
económicos… con dificultades para organizarse y defender
sus derechos… y al ser ancianos son abandonados y excluidos
del sistema consumista… ¿podemos decir: qué bien estamos aquí?
(Cf. Puebla, n.31-39; Santo Domingo, n.178; Aparecida, n.65 y 402).

Éste es mi Hijo, mi Elegido, escúchenlo
Jesús vino a este mundo para anunciar, con palabras y obras,
que el Reino de Dios y su justicia ya está en medio de nosotros.
Pero el anuncio de esta Buena Noticia le trajo muchos problemas.
En Nazaret sus propios paisanos intentan arrojarlo a un barranco.
Las autoridades religiosas le acusan de blasfemar… murmuran porque
acoge y come con pecadores… y le espían para tener de qué acusarlo.
Incluso, dentro de sus discípulos encontró muchas dificultades,
como sucede en el texto de la Transfiguración que estamos meditando.
Sin embargo, Dios Padre nos pide escuchar a Jesús, su Hijo amado.
Por eso, sigamos meditando en algunas de  las enseñanzas de Jesús
sobre los niños… jóvenes… adultos… y pongámoslas en práctica,
para construir una sociedad donde haya vida, verdad, justicia, paz...
Un día, le traen a Jesús unos niños para que los bendiga,
pero los discípulos los impiden. Entonces Jesús los llama y dice:
Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, 
porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Yo les aseguro: el que no recibe el Reino de Dios como un niño,
no entrará en él (Lc 18,15-17).
Tratándose de los jóvenes, la Buena Noticia es: Levantarse.
*Jesús toca el ataúd -en el que llevan a enterrar al hijo único de una
madre viuda- y dice: Joven, a ti te digo, levántate (Lc 7,11-17).
*En casa de Jairo, Jesús dice: No lloren, no ha muerto, está dormida.
Luego la toma de la mano y le ordena: Muchacha, levántate (8,49-56).
*En la parábola del Padre misericordioso, el hijo menor que vive
en la miseria, reflexiona y dice: Me levantaré y volveré a la casa 
de mi padre… Se levantó y volvió a la casa de su padre (Lc 15,11-32).
El programa que Jesús anuncia en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,18s)
es Buena Noticia para todos los hombres y mujeres pobres, ciegos,
cautivos, oprimidos… Jesús no solo anuncia, lo pone en práctica.
Al respecto, recordemos la respuesta de Jesús a los discípulos de Juan:
Vayan y díganle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven,
los cojos andan, los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida,
a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Y felices aquellos
que no dudan de mí después de haberme visto (Lc 7,18-23).
Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica
(Lc 11,28), ellos podrán decir: Señor, ¡qué bien estamos aquí!
J. Castillo A.

viernes, 8 de febrero de 2013

Pescador de personas


Domingo V, Tiempo Ordinario (ciclo C)
Is 6,1-8  -  1Cor 15,1-11  -  1Cor 15,1-11

Jesús enseña a la gente desde una barca
*Después del rechazo que tuvo en Nazaret, Jesús sigue su camino…
Un día, el Profeta itinerante llega al lago de Genesaret, en cuya orilla
se reunió muchísima gente para escuchar la Palabra de Dios.
Allí, en medio de la naturaleza… y desde una barca…
Jesús les habla lo que siente en su corazón: Dios Padre nos ama,
y quiere que todos sus hijos e hijas tengan vida en abundancia.
El lenguaje de Jesús es sencillo y todo el mundo lo comprende.
Usa comparaciones que están al alcance de aquellos trabajadores.
Muchos dirán que no están de acuerdo con sus enseñanzas,
pero nadie dirá que no le han entendido.
*Años más tarde, los que se han convertido y fueron bautizados,
se acercan a los discípulos de Jesús para oír la Palabra de Dios:
Acudían frecuentemente a la enseñanza de los apóstoles (Hch 2,42).
Cuando les prohíben enseñar en nombre de Jesús, Pedro y Juan
responden: No podemos callar lo que hemos visto y oído (Hch 4,20).
Incluso, en medio de las persecuciones, no cesan de orar diciendo:
Señor, concede a tus siervos anunciar tu mensaje sin miedo (4,29).
*Hoy en día, personas pobres y creyentes esperan de sus pastores:
-Una palabra sencilla, dicha con fe y con el testimonio de las obras.
-Una palabra meditada y pronunciada con el mismo Espíritu de Jesús.
-Una palabra que dé esperanza, en medio de las tristezas y angustias.
-Una palabra veraz frente a tanta mentira, violencia y corrupción.
-Una palabra que denuncia la desigualdad entre pobres y ricos.
-Una palabra que valore la dignidad de toda persona humana,
  frente al sistema opresor del actual sistema neocolonialista.
-Una palabra que nos haga ver los límites de los recursos de la tierra,
  y los millones de niños, jóvenes y adultos que pasan hambre.
Para esta misión, tengamos en cuenta que los medios más sencillos, 
como aquella barca que utilizó Jesús, son los más eficaces.

Jesús llama a pescadores que conocen bien su oficio

*Al terminar de enseñar, Jesús pide a Pedro ir a pescar de nuevo.
Pedro que es experto en las faenas del mar, le dice:
Maestro, hemos trabajado toda la noche sin pescar nada.
Trabajaron durante toda la noche cuando todavía era posible pescar.
Al llega el día, las posibilidades de éxito son prácticamente nulas.
Para esta gente del mar está claro que Jesús les pide algo imposible.
Sin embargo, Pedro cree en la Palabra de Jesús y responde:
Maestro, ya que Tú lo dices, voy a echar las redes.
Lo que importa es confiar en el poder de la Palabra de Jesús,
que tiene más fuerza que la experiencia negativa de la noche anterior.
Ya podemos imaginarnos la sorpresa de Pedro,
ante una pesca tan abundante que, incluso, las redes se rompían.
Piden ayuda y llenan de peces las dos barcas que casi se hunden.
Fue entonces cuando Pedro se arroja a los pies de Jesús y exclama:
Señor, apártate de mí que soy un pecador. Pero Jesús le dice a Pedro:
No temas, en adelante serás pescador de personas.
Cuando Pedro dice: Señor, apártate; Jesús le responde: No temas.
Cuando Pedro dice: Soy un pecador; Jesús le anuncia: Serás pescador
de personas. Pedro, desde su propia experiencia, acogerá a pecadores.
*Jesús pide la colaboración de personas que conocen bien su oficio.
Pedro, Santiago y Juan saben echar las redes y saben repararlas.
Todos ellos tienen su barca y son expertos en las tareas del mar.
Son personas que viven de su trabajo para llevar el pan a sus hogares.
Desde esta experiencia humana Jesús llama a sus colaboradores, pues
ser expertos en la pesca, es la base para ser pescadores de personas.
En adelante, al anunciar el Reino de Dios sabrán lo que significa:
El Reino de los Cielos es semejante a una red que se echa al mar….
*El Evangelio de hoy termina diciendo que Pedro, Santiago y Juan
llevan a tierra sus barcas… lo dejan todo… y siguen a Jesús…
Llevar sus barcas a tierra significa que ya no volverán a utilizarlas.
Para seguir a Jesús debemos despojarnos de todo (Hch 14,33;  18,28).
Lo mismo hará Leví: Lo deja todo, se levanta y sigue a Jesús (5,28).
Al joven rico, Jesús le dice: Anda, vende todo lo que tienes,
reparte el dinero a los pobres, después ven y sígueme (18,22).
Jesús alaba a la pobre viuda que da todo lo que tiene para vivir,
mientras que los ricos dan de lo que les sobra (21,1-4).
J. Castillo A.

miércoles, 30 de enero de 2013

La misión de un profeta


Domingo IV, Tiempo Ordinario (ciclo C)
Jer 1,4-5. 17-19 - 1Cor 12,31-13,13 - Lc 4,21-30

¿No es éste el hijo de José?
*Comprometerse con los pobres, ciegos, oprimidos, paganos…
-como lo hizo Jesús en la sinagoga de Nazaret- trae serios problemas.
Curiosamente, los habitantes de aquella pequeña aldea de Nazaret
conocen a Jesús como el hijo de José: lo han visto crecer y trabajar;
pero son incapaces de reconocerlo como el Profeta enviado por Dios.
Solo quieren que haga en su tierra lo que hizo en Cafarnaún, es decir,
quieren ver en Jesús, no al Profeta de Dios que viene a liberarlos,
sino a un ‘mago’ o ‘curandero’ que dé prestigio al pueblo.
*¿Por qué muchas veces los pobres excluidos actúan de esa manera…
y muchos de ellos sueñan con llegar a ser como los ricos?
Ciertamente, los pobres no son unos santos y, por eso mismo,
tampoco es justo decir que solo ellos son culpables de su pobreza.
La verdad es que los pobres son ‘producto’ de un sistema perverso,
que desde hace muchos siglos los fabrica por cientos de millones,
con la única finalidad de que hayan pocos ricos cada vez más ricos,
a costa de una muchedumbre de pobres cada vez más pobres (DP,30).
Tampoco debemos olvidar que ese sistema perverso crece sin parar,
con la complicidad de  mucha ‘gente buena’ y de muchas autoridades.
*En un país como el nuestro, donde abunda tantas riquezas naturales,
la pobreza es un crimen abominable que clama al cielo. Por ejemplo:
¿Hasta cuándo las comunidades campesinas de nuestra Sierra y Selva,
seguirán siendo despojadas de sus tierras por las grandes empresas?
¿Con qué derecho se destruyen las lagunas y se contaminan los ríos?
¿Oirán los responsables el grito de los que sufren y piden justicia?
¿Llegará el día en que el derecho al agua sea un derecho humano
inalienable, y que esté por encima de la acumulación económica?
Las empresas que contaminen las aguas no basta que sean multadas;
se les debería cancelar la concesión, pues la muerte de tanta gente
y la destrucción del medio ambiente no se remedian con una multa.

Jesús pasa en medio de ellos y sigue su camino
A pesar del rechazo que sufrió por parte de sus propios paisanos
que intentaron arrojarlo a un barranco, Jesús sigue su camino…
Jamás debemos olvidar que Jesús es el Profeta de la misericordia,
con un amor comprometido con la vida, la justicia, la liberación.
Para Jesús cada ser humano es sagrado e igual a Él.
Jesús se pone al servicio de los más humildes como un criado de ellos.
En su grupo nadie manda, todos son hermanos, todos son iguales;
pues el más importante entre ellos es el servidor de los demás.
Pues bien, esta Buena Noticia está destinada  a todas las naciones…
Y, tratándose de los extranjeros (Lev 19,33s) -tema olvidado por los
de Nazaret- Jesús pone el ejemplo de dos profetas: Elías y Eliseo.
*El profeta Elías es enviado a Sarepta una ciudad en territorio pagano.
Allí ocurrirá el milagro de la harina y el aceite que nunca se acaban,
y allí también Elías devolverá la vida al hijo de aquella viuda,
quien agradecida exclama: Ahora reconozco que eres un profeta
y que la Palabra del Señor que tú pronuncias se cumple (1Re 17).
Como Elías, Jesús es el Profeta que anuncia la Palabra de Dios,
que es expulsado de su tierra, pero reconocido por los extranjeros:
-Jesús al oír las palabras del centurión romano, se admira y dice:
Ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande (Lc 7,1-10).
-Cuando Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín, la gente exclama:
Un gran profeta ha surgido entre nosotros (Lc 7,11-17).
-Cuando sus discípulos se acercan y le dicen: Despide a la gente…
Jesús les contesta: Denles ustedes de comer (Lc 9,10-17).
-Junto a la cruz de Jesús, el capitán romano alaba a Dios diciendo:
Realmente este hombre era inocente (Lc 23,47).
*Naamán era el jefe del ejército del rey de Aram, enemigo de Israel.
Cuando este jefe visita a Eliseo para conseguir la curación de su lepra,
recibe la orden del profeta de lavarse siete veces en el río Jordán.
Al quedar sano de su lepra, vuelve y exclama: Ahora reconozco 
que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel (2Re 5).
-También Jesús, mientras sigue su camino, sana a un leproso,
que de rodillas le suplicó: Si quieres puedes sanarme (Lc 5,12-16).
-Como Eliseo, Jesús es el Profeta que proclama un único Dios para
judíos y paganos: Vendrán de oriente y de occidente, del norte 
y del sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios (Lc 13,29).
J. Castillo A.

miércoles, 23 de enero de 2013

Anunciar la Buena Noticia a los pobres


III Domingo, Tiempo Ordinario (ciclo C)
Neh 8,2-10 - 1Cor 12,12-30 - Lc 1,1-4; 4,14-21





(Ex 3,7) He visto la opresión de mi pueblo
El pueblo de Dios, liberado de la esclavitud de Egipto,
es conducido  -a través del desierto- hacia la tierra prometida:
Tierra donde abunda las aguas en los valles y en las montañas.
Tierra donde hay trigo, cebada, viñas, higueras, olivos y miel.
Tierra donde hay pan en abundancia y nadie muere de hambre.
Tierra donde las rocas tienen hierro y las montañas cobre.
Tierra buena por la que el pueblo bendice a Dios  (Deut 8,7-10).
Siglos después el imperio romano: -invade las tierras de Palestina…
-se apropia de sus riquezas… -deja a sus habitantes en la pobreza…
Y, con la complicidad de las autoridades políticas y religiosas locales,
aumentan los impuestos, deudas, chantaje, represión, temor, terror…
Son pesadas cargas que soportan los pobres del campo y de la ciudad:
No tienen pan, están hambrientos. No tienen salud, están enfermos.
No tienen libertad, están oprimidos. No tienen paz, están divididos.
¿Hasta cuándo los malvados explotarán a los pobres? (Job 24,1-12).

¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?
Ante esta triste realidad, Jesús no permanece indiferente.
Vuelve a la región de Galilea lleno del poder del Espíritu Santo
y, después, va a Nazaret, el pueblo donde se había criado.
Allí, desde la sinagoga de un pueblo despreciado, Jesús proclama:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar: -la Buena Noticia a los pobres,
la libertad a los cautivos, -la vista a los ciegos, 
-la liberación a los oprimidos, -el año de gracia del Señor.
Estas palabras expresan las preocupaciones que tiene Jesús,
y vienen a ser su programa de vida por el que morirá crucificado.
En adelante, los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos…
serán los destinatarios principales de sus enseñanzas y gestos audaces.
Es por eso que más tarde, ante un grupo numeroso de sus discípulos
y una gran cantidad de personas que han venido de muchas partes,
Jesús llama felices: a los pobres, a los hambrientos, a los que lloran,
a los que son odiados y despreciados por causa del Hijo del Hombre;
pues donde Dios ‘reina’ ya no pueden reinar los malvados.
Jesús anuncia con autoridad moral esta Buena Noticia a los pobres,
porque les habla no desde el palacio de Herodes ni desde el barrio
residencial de los sumos sacerdotes, sino desde su propia pobreza.
Pero también denuncia a los ricos, a los satisfechos, a los que ríen,
a los que son alabados; por ser culpables de tantas injusticias (Lc 6).

Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír
Como todos los que estaban en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él,
Jesús no comenta el texto de Isaías, sino que lo actualiza diciendo:
Hoy se cumple este pasaje de la Escritura que acaban de oír.
Este ‘hoy’ de la salvación atraviesa todo el Evangelio de Lucas
(2,11;  3,22;  4,21;  5,26;  13,32-33;  19,5.9;  23,43).
*Los ángeles anuncian la Buena Noticia del nacimiento de Jesús,
no al rey Herodes ni a los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén,
sino a unos pobres pastores marginados por la sociedad y la religión:
Hoy ha nacido para ustedes, en Belén, el Salvador (Lc 2,11).
La Iglesia: o es Iglesia de los pobres, o deja de ser Iglesia de Jesús.
*Cuando Jesús -camino a Jerusalén- entra en Jericó, se aloja en casa
de Zaqueo, jefe de los cobradores de impuestos y muy rico.
El publicano Zaqueo es despreciado por colaborar con los romanos.
Sin embargo, gracias a la acogida de Jesús, Zaqueo se convierte…
Luego, Jesús dice: Hoy ha llegado la salvación a esta casa (19,1-10).
Durante el año 2012, solo los cien mayores billonarios del mundo
han incrementado sus ingresos en 240 mil millones de dólares.
La cuarta parte de esa fortuna, es decir, 60 mil millones de dólares,
bastaría para acabar con la pobreza extrema en el mundo. Ahora bien,
¿alguno de esos billonarios podrá decir: Doy la mitad de mis bienes 
a los pobres; y a quien le he robado le devolveré cuatro veces más?
*Mientras uno de los malhechores crucificados insulta a Jesús,
el otro le suplica: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Jesús le dice: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (23,39-43).
¿Los excluidos captan como Buena Noticia lo que predicamos?
J. Castillo A.

miércoles, 16 de enero de 2013

Desde Caná de Galilea


II Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)
Is 62,1-5  -  1Cor 12,4-11  -  Jn 2,1-11
 
Después de la ceremonia religiosa, los nuevos esposos -acompañados  de sus familiares y amigos- pasaron al salón parroquial para el brindis. Luego, se desplazaron a un local especial para la cena danzante. Los años han pasado entre gozos y esperanzas, tristezas y angustias… Hoy están al borde de una separación. Cuando suceden estos hechos, ¿qué nos puede decir el texto del Evangelio de este día?


Un matrimonio donde falta vino… y no hay agua…
Jesús y sus discípulos han sido invitados a una boda en Caná de Galilea.
Gracias a esta invitación… a la intervención de la madre de Jesús…
y a la colaboración de los servidores… Jesús realiza su primer signo,
devolviendo  alegría y amor, allí donde ya no había vino ni agua.
Pues ¿qué vida es ésa cuando falta el vino de la alegría? (Eclo 31,27);
¿acaso no es el vino el que alegra el corazón? (Sal 104,15).
Cuando entre los esposos ya no hay amor, alegría, fidelidad,
no nos quedemos en lamentaciones ni en acusaciones personales…
vayamos a las raíces profundas de ese fracaso matrimonial:
¿Qué rol tuvieron los padres de familia en la educación de sus hijos?
¿Por qué ciertos medios de comunicación priorizan el consumismo,
dejando de lado y menospreciando el valor de la persona humana?
El Evangelio habla también de seis tinajas de piedra destinadas
a los ritos de purificación. Además, el Evangelio de Juan presenta
seis fiestas judías (2,13;  5,1;  6,4;  7,2;  10,22;  11,55). Ahora bien,
aquellas tinajas y fiestas están vacías, pues las autoridades judías
las han ‘convertido’ en explotación y opresión de su propio pueblo.
¿Por qué hoy se exige tantos requisitos para el matrimonio religioso?
¿Hasta cuándo seguiremos conservando en tinajas de piedra
la celebración de matrimonios de diversas clases y precios?
¿Bastarán tres charlas para que los novios den ese paso definitivo?
¿Es justo que después caminen solos como ovejas sin pastor?

Tú has guardado hasta ahora el mejor vino
En aquella boda de Caná de Galilea estaba la madre de Jesús.
Ella nota que falta el vino. Se acerca a Jesús y le dice: No tienen vino.
A través de estas palabras vemos que María, la madre de Jesús,
habla de la situación de pobreza y sufrimiento de los hijos de Israel;
en otras palabras, percibe que la antigua religión ya no aporta vida.
Hoy en día es sumamente preocupante para muchas familias,
la falta no solo de alegría y amistad, sino de trabajo, salud, educación.
También es doloroso ver los rostros sufrientes de los padres de familia,
que viven sumergidos en la pobreza, enfermedades, incertidumbres…
¿Hasta cuándo en una comunidad cristiana se dirá: No tienen vino?
A continuación, entran en escena los servidores. La madre de Jesús
toma la iniciativa y les dice: Hagan todo lo que Él les diga.
Jesús se dirige a ellos para decirles: Llenen de agua las tinajas.
Después añade: Saquen un poco y llévenlo al encargado de la fiesta.
Cuando éste probó el vino, reconoce que es mejor, se acerca al novio
y le dice: Tú, en cambio, has guardado hasta ahora el mejor vino.
Con Jesús, con María su madre, y la colaboración de los servidores
ha llegado la ‘hora’ de cambiar, transformar, introducir algo nuevo.
Y, justamente, es esto lo que hace falta en muchísimos hogares.
*Es bueno pero no basta haber realizado el matrimonio religioso.
Es necesario la presencia permanente de Jesús, de María su madre,
de familiares y amigos, representados en los discípulos y servidores.
En medio de las dificultades, ¡cuánta falta nos hace una mano amiga
que nos lleve al manantial de agua viva para saciar nuestra sed de vida!
Jesús defiende la unión matrimonial (Mc 10,1-9) y, al mismo tiempo,
no lanza piedras ni condena a la mujer adúltera (Jn 8,1-11).
*Es ‘hora’ de multiplicar las pequeñas comunidades de base:
-donde la Palabra de Dios sea fuente de una espiritualidad permanente,
-donde se anuncia la Buena Noticia a la gente sencilla y alejada,
-donde una Iglesia pobre entre los pobres sea una expresión visible.
Jesús se manifiesta en lo pequeño para que sus discípulos crean en Él.
*También ha llegado la ‘hora’ de poner vino nuevo en vasijas nuevas.
En efecto, para estos tiempos nuevos necesitamos vasijas nuevas,
es decir, estructuras nuevas, corazones nuevos. A Dios nos acercamos
de manera nueva: con lazos de amor y de cariño (Os 11,4;  Mc 2,1-9).
J. Castillo A.