miércoles, 14 de marzo de 2018

Queremos ver a Jesús

5º Domingo de Cuaresma (ciclo B
Jer 31,31-34  -  Heb 5,7-9  -  Jn 12,20-33

   Algunos griegos van a Jerusalén para la fiesta de Pascua,
pero, en vez de ir al templo -convertido en una cueva de ladrones-,
se acercan a Felipe y le dicen: Queremos ver a Jesús.
   Fue entonces cuando Jesús anuncia que va a morir y resucitar:
*Si el grano de trigo que cae en tierra muere, da mucho fruto…
*Donde yo estoy, allí estará mi servidor…
*Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí…

Si el grano de trigo que cae en tierra muere, da mucho fruto
   Al enterarse que algunos griegos quieren verle, Jesús dice:
Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.
Con estas palabras Jesús anuncia su muerte y resurrección…y añade:
-Si el grano de trigo que cae en la tierra muere, da mucho fruto…
-El que entrega su vida, la conserva para la vida eterna…
Ciertamente: Hay siempre una oscura noche, para cada amanecer.
   Jesús vino a este mundo no para buscar sufrimientos…
sino para salvarnos, para que tengamos Vida plena (Jn 10,10).
Y, si muere clavado en una cruz (instrumento de tortura),
es por amar y servir a todos, en particular a los pobres oprimidos;
pues, el amor más grande es dar la vida por sus amigos (Jn 15,13).
   Por eso, si queremos ver a Jesús, no lo busquemos en las nubes…
ni en los adornos lujosos… ni en los títulos de poder y grandeza…
Vayamos al Calvario, allí vamos a encontrar al “Rey de los judíos”,
condenado a morir por los sumos sacerdotes del templo:
Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir;
porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios (Jn 19,7).
   Si queremos ver a Jesús, busquémoslo: en los seres afligidos…
en las personas de buena voluntad que dan vida, entregando su vida…
en los que oyen el grito de los pobres y el grito de la madre tierra…
en los que son odiados y perseguidos: por practicar sus enseñanzas…
por seguir su ejemplo… por buscar el Reino de Dios y su justicia.

Donde yo estoy, allí estará mi servidor
   Jesús, el Buen Pastor, entrega su vida y nos sigue diciendo:
El que quiera servirme, que me siga,
y donde yo estoy allí también estará mi servidor.
   En la historia de la Iglesia, encontramos hermanos mayores en la fe,
que fueron servidores buenos y fieles hasta derramar su propia sangre.
Entre ellos está el obispo salvadoreño Oscar Romero (1917-1980).
   Dos semanas antes de ser asesinado, en una entrevista dijo:
Como pastor estoy obligado por mandato divino a dar la vida
por quienes amo, que son todos los salvadoreños,
aun por aquellos que vayan a asesinarme.
Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios
mi sangre por la redención de El Salvador.
El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer,
pero, si Dios acepta el sacrificio de mi vida,
que mi sangre entonces sea semilla de libertad
y señal de que la esperanza será pronto una realidad (…).
Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios… no perecerá jamás.
   El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Eucaristía,
un disparo mortal acabó con su vida, eran las 6.30 pm.

Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí
   Una vez más, Jesús anuncia que será crucificado para darnos Vida.
Pero, actualmente, hay autoridades que usan la Biblia y el Crucifijo,
para cometer injusticias… condenar al inocente… librar al corrupto.
Los caminos de esos “creyentes” no son los caminos de Dios (Is 55,8).
   Cuánta falta nos hace ver y seguir a Jesús, el Servidor sufriente:
Miren a mi Servidor, a mi elegido, a quien prefiero.
Pongo mi Espíritu en Él para que anuncie la justicia a las naciones.
No discutirá ni llenará las plazas con el ruido de sus discursos.
No quebrará la caña débil ni apagará la vela que todavía alumbra,
hasta que finalmente haga triunfar la justicia en la tierra.
De Él las naciones esperan la salvación (Mt 12,14-21;  cf. Is 42,1ss).
   Por su parte, San Pablo (1Cor 1,23ss) nos ofrece su testimonio:
Nosotros anunciamos a Cristo crucificado,
escándalo para los judíos y locura para los paganos (…).
La locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres,
y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza humana.
J. Castillo A.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Jesús y Nicodemo

4º Domingo de Cuaresma, ciclo B
2Cro 36,14-23  -  Ef 2,4-10  -  Jn 3,14-21

   Nicodemo es fariseo… maestro en Israel… magistrado judío…;
sin embargo, busca hablar con Jesús, pero de noche.
   En la parte final del diálogo (evangelio de hoy) Jesús anuncia:
-El Hijo de Dios será elevado, crucificado… (cf. Jn 8,28; 12,32s).
-Dios nos ama tanto que nos entrega a su Hijo único…
-Hay personas que prefieren las tinieblas a la luz de la verdad…
   Son temas centrales en la vida de Jesús, según el Evangelio de Juan.

Creer en Jesús crucificado para tener Vida plena
   Jesús que acoge y perdona a gente pecadora, y come con ellos…
que sana a muchos ciegos cojos, lisiados; incluso en día sábado…
que actúa con entrañas de misericordia con los que sufren y lloran…
es perseguido por los fariseos, los maestros de la Ley, los sacerdotes;
quienes le condenan a morir crucificado, como si fuera un malhechor.
*Las autoridades judías persiguen y buscan matar a Jesús, porque:
no respeta el descanso sabático y dice que Dios es su Padre (Jn 5,15ss).
*Cuando Jesús, en Betania, resucita a su amigo Lázaro,
los sumos sacerdotes y los fariseos deciden darle muerte (Jn 11,47ss).
    En 1559, a quienes buscan riquezas, asesinando a los Indios,
Bartolomé de Las Casas los denuncia diciendo: Dejo en las Indias,
a Jesucristo nuestro Dios, azotado y afligido, abofeteado y crucificado,
no una, sino millares de veces, cuando de parte de los españoles,
se destruyen a aquellas gentes…y se les quita la vida antes de tiempo.
   Actualmente, con la complicidad de ciertas autoridades corruptas,
los nuevos encomenderos del sistema neoliberal hacen algo peor:
despojan de sus tierras a los campesinos e indígenas, para satisfacer
los intereses de grupos económicos que destruyen, irracionalmente,
las fuentes de vida en perjuicio de la misma humanidad (DA, n. 471).
   En este contexto, escuchemos a Jesús nuestro Salvador que dice:
Si el grano de trigo al caer en tierra no muere, queda infecundo,
pero si muere, da abundante fruto (Jn 12,24).

Tanto nos ama Dios que nos entrega a su Hijo único
   En el diálogo con Nicodemo, Jesús anuncia: Dios envía a su Hijo
no para condenar, sino para que el mundo se salve por medio de Él.
   Para que el Reino de Dios -que es amor y vida- llegue a nosotros,
el mismo Dios nos entrega todo lo que posee: su Hijo único,
para que los hombres y mujeres nos amemos y tengamos vida.
Al respecto, Jesús nos dice: Ámense unos a otros como yo les amo.
En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos,
en el amor que se tengan unos a otros (Jn 13,34s). Luego añade:
El amor más grande es dar la vida por sus amigos (Jn 15,13).
   Dar vida significa, hoy, optar por la justicia y amar al prójimo:
*La religión pura y sin mancha delante de Dios Padre es esta:
ayudar a los huérfanos y viudas en sus necesidades,
y no dejarse contaminar por la corrupción del mundo (Stgo, 1,27).
*Si uno dice: yo amo a Dios y, al mismo tiempo, odia a su hermano,
es un mentiroso. Pues, si uno no ama a su hermano, a quien ve,
¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve? (1Jn 4,20).
  
Unos prefieren las tinieblas… otros la luz de la verdad
   Sigamos examinándonos para ver cuánto de luz o de tinieblas hay:
*en nosotros… en nuestras familias… en nuestras parroquias…
*en los diversos proyectos sociales del campo y de la ciudad…
*en nuestras autoridades: locales… regionales… nacionales…
   Hoy en día, como discípulos de Jesús debemos ser luz (Mt 5,14),
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte…
Debemos amar a todas las personas que viven en nuestra sociedad,
para anunciarles el inmenso amor que Dios compasivo nos tiene.
   Ahora bien, guiados por las enseñanzas, obras y gestos de Jesús,
los cristianos debemos optar por la vida en vez de la muerte; porque,
no podemos servir -al mismo tiempo- a Dios y al dinero (Mt 6,24).
No hay término medio, ser mediocres es lo peor que podemos hacer,
pues Dios nos dice: Conozco tus obras, no eres ni frío ni caliente,
pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte (Apc 3,15s).
   Ojalá los que andan en la oscuridad de la injusticia y corrupción,
se conviertan, dejen de hacer el mal y cumplan la voluntad de Dios.
   Defendamos la vida de las personas y la vida de la madre tierra;
pues Jesús mismo nos dice: Yo soy la luz del mundo, quien me sigue
no camina en tinieblas, pues tiene la luz de la vida (Jn 8.12).
J. Castillo A.

miércoles, 28 de febrero de 2018

De Galilea... a Jerusalén

3º Domingo de Cuaresma, ciclo B
Ex 20,1-17  -  1Cor 1,22-25  -  Jn 2,13-25

   En Caná de Galilea -en una casa- Jesús realiza su primer signo,
manifiesta su gloria, y sus discípulos creen en Él (Jn 2,1-12).
   Muy diferente lo que Jesús encuentra en el templo de Jerusalén.
Allí, la Casa de Dios es en un mercado… se intenta comprar a Dios…
Ese templo será destruido, no quedará piedra sobre piedra (Mc 13,2).
   El nuevo templo es Jesús que muere, y resucita al tercer día,
y, si nos amamos mutuamente, Dios habita en nosotros (1Jn 4,12).

Casa de oración, sí… lugar de negocios, no
   La fiesta principal del pueblo judío es la Pascua del Señor,
recordando su liberación de la esclavitud de Egipto (Ex 12,1ss).
Al llegar a Jerusalén, Jesús ve que el templo ya no es Casa de Dios,
sino un mercado de animales… un lugar para cambiar dinero…
un edificio lujoso para oprimir y explotar al pueblo creyente.
Jesús reacciona indignado contra ese nuevo becerro de oro (Ex 32),
y declara públicamente: la Casa de mi Padre no es un mercado.
   Hagamos un examen de conciencia a nivel personal y eclesial:
*¿Hemos superado el sistema de aranceles que es mal visto,
desligándolo de la administración de los sacramentos? (Medellín,14).
*¿Se celebra Misa, sobre todo, por las intenciones de los necesitados, 
aunque no se reciba ningún estipendio? (CIC, canon 945,2).
*Siguiendo la tradición de cobrar por un servicio religioso, ¿evitamos
la más pequeña apariencia de negocio o comercio? (Cn. 947, 1385).
   El Papa Francisco, en su homilía sobre el texto de Lucas 19,45-48,
hace esta denuncia: Cuántas veces vemos que entrando en un templo,
aún hoy, está la lista de los precios: bautismo, tanto; bendición tanto;
intención de misa, tanto… Y el pueblo se escandaliza.
A continuación, el Papa añade: Hay dos cosas que el pueblo de Dios
no puede perdonar: 1) a un sacerdote apegado al dinero,
y 2) a un sacerdote que maltrata a la gente. No perdona cuando,
la Casa de Dios se vuelve una casa de negocios (21 noviembre 2014).

Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré
   Ante los gestos audaces de Jesús, los sumos sacerdotes reaccionan,
porque sus enormes ganancias económicas corren peligro.
   De inmediato, le piden a Jesús una señal que justifique sus acciones.
Jesús les dice: Destruyan este templo y en tres días lo levantaré.
Ellos piensan que se trata del templo material construido por Herodes,
pero Jesús habla de su propia persona, de su muerte y resurrección.
   Más tarde, Jesús dice a la Samaritana: Créeme, mujer, llega la hora
en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre…
Pero ha llegado la hora, en la que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad (Jn 4,19-26). 
   Al ver la indignación de Jesús, sus discípulos se acuerdan
que la Escritura dice: El celo de tu casa me consume (Sal 69,10).
Por eso cuando Jesús resucita, sus discípulos comprenden lo que dijo,
y creen en la Escritura y en las palabras de Jesús.
   Para creer en Jesús, en su Mensaje y en sus obras, no basta repetir:
El templo del Señor… el templo del Señor… Lo que importa es:
Cambiar nuestra conducta y acciones… Practicar la justicia…
No oprimir a los forasteros, a los huérfanos, a las viudas…
No derramar sangre inocente… No seguir a dioses extraños…
No hacer del templo dedicado a Dios, una cueva de ladrones (Jer 7).
   Para encontrar a Jesús, hay que buscarlo en sus hermanos pobres,
desfigurados por el hambre y la sed, por la desnudez  y la enfermedad.
¿Acaso no saben ustedes que son templos de Dios -escribe San Pablo-
y que el Espíritu de Dios vive en ustedes?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque,
el templo de Dios es santo y ese templo son ustedes (1Cor 3,16s).
   Ahora bien, ¿qué debemos hacer por los hermanos despreciados?
Ellos necesitan, no solo un pedazo de pan o unas cuantas monedas,
sino ser acogidos como personas, imágenes de Dios, templos de Dios.
Hagamos a los demás, todo lo que desearíamos que ellos nos hagan,
porque en eso se resume la Ley y los Profetas (Mt 7,12).
   Al respecto, el Papa Juan Pablo II (en SRS, 1987, n.31) nos dice:
Ante los casos de necesidad, no se debe dar preferencia
a los adornos superfluos de los templos
y a los objetos preciosos del culto divino;
al contrario, podría ser obligatorio vender esos bienes
para dar pan, agua, vestido, casa a quien carece de ello.
J. Castillo A.

viernes, 23 de febrero de 2018

Convertir nuestra imagen de Dios (II Cuaresma B)


¿No habéis oído decir alguna vez eso de “yo no puedo creer en un Dios que permite la muerte de su Hijo”? ¿No se ha acusado al Dios de la Biblia de ser un Dios sangriento y vengador? ¿No hay personas que achacan un cierto masoquismo a los que seguimos al crucificado? Pues sí. Para muchos la fe cristiana, y su antecesora judía, aparecen como  más inclinadas al sufrimiento que a la felicidad o el placer.

 Muchos, y curiosamente entre los que más sufren, tienden a hacer promesas dolorosas a Dios: ayunos excesivamente rigurosos, duras peregrinaciones, exigentes mortificaciones; su religiosidad natural les lleva a imaginar un Dios a imagen del hombre, una divinidad cuya ira necesita ser aplacada con sacrificios. ¿No existen aun quienes hacen del cilicio un arma para ganar la benevolencia divina?  Nos preguntamos: ¿Quiere Dios el dolor gratuito del hombre? ¿Es nuestro Dios amante del dolor y el sufrimiento?

Convertir nuestra imagen de Dios

El texto de Gn 22, 1-18, narra lo que se ha dado en llamar el sacrificio de Isaac, aunque en realidad ese sacrificio nunca se llegó a consumar; Dios irrumpe oportunamente deteniendo la mano de Abrahán. La narración es tan cruda y escandalosa que quien la describe comienza previniendo al lector: “Dios puso a prueba a Abrahám” (22,1).

Así pues, el mandato de sacrificar a su único hijo se presenta como una tentación, una prueba; bastante dura, por cierto, aunque no extraña a la cultura en la que la historia se desarrolla. En el entorno y tiempo de Abrahán, entre los cananeos era costumbre el sacrificar seres humanos a los dioses; la arqueología da fe de ello. Tal vez Abrahán llegó a sentir también la tentación de honrar a su Dios ofreciéndole lo mejor que tenía: su hijo único. 

¿Qué imagen de Dios tendría el padre de la fe en aquellos momentos? ¿No estaría entre sus ideas la de un Dios que pide dolor y sangre? Puede que así fuera, y Dios le provocó para que abandonara esa imagen. Antes de este episodio Abrahán creía en un Dios dispuesto a aceptar sacrificios humanos; después de la experiencia del monte Moria tuvo claro que Dios no quiere la muerte del hombre, ni su dolor gratuito, sino sólo su fidelidad.

Unidos a Abrahán en este trance aprendemos una lección importante: hemos de estar siempre abiertos a convertir nuestra imagen (idea) de Dios. ¿En qué Dios creemos? Porque nuestro Dios no quiere penitentes de Semana Santa que dañen su cuerpo hasta sangrar, ni pide duras disciplinas que endurecen el cuerpo, y también el corazón como efecto secundario.

La ofrenda que Dios quiere es ante todo espiritual, que nuestro corazón no sea de piedra sino de carne (Ez 36,26); no pide Dios el castigo del cuerpo como si de un enemigo se tratara, sino la entrega de la voluntad a sus designios, el sacrificio de la fe (Hb 11,17-19). Dios quiere personas que, como el Hijo, aprenden a obedecer sufriendo, pero no con sufrimientos buscados, sino con aquellos que son consecuencia de la lucha por el Reino de Dios y la persecución por causa de su nombre (Mt 24,9). Por tanto, ¡fuera sufrimientos inútiles!, ¡fuera sacrificios rebuscados que conducen más a la soberbia de creerse justificados que a la humildad de saberse pecadores!. “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo” (22,12).

Abrahán, padre de la fe

Abrahán, por su fidelidad obediente al Padre, es figura del que luego vendría como el Amén, el Testigo fiel (Ap 3,14). También Isaac, el hijo, personaje aparentemente pasivo en el relato, es figura de Cristo (Hb 11,19). Cargando sobre sus hombros la leña para el sacrificio sube paciente hacia la cima del monte Moria. Las preguntas e inquietudes que presenta ante su padre, “¿dónde está el cordero para el sacrificio?”son respondidas con un “Dios proveerá” (Gn 22,7-8).  Sin queja, sin resistencia, Isaac se deja atar y se ofrece abandonándose a Dios en un acto de fe difícil de superar. 
 
Si admirable es el padre (Abrahán), no lo es menos el hijo (Isaac). Un elocuente comentario de la literatura judía sobre Gn 22,9-10 nos ayuda a entender la fe de ambos: “Después Abrahán extendió la mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su Hijo Isaac; entonces Isaac tomó la palabra y dijo a Abrahán su padre: ´Padre mío, átame bien para que yo no te de golpes con los pies de tal modo que tu ofrenda sea inválida y yo sea precipitado en la fosa de la perdición en el mundo venidero´. Los ojos de Abrahán estaban fijos en los ojos de Isaac y los ojos de Isaac estaban vueltos hacia los ángeles de lo alto. Abrahán no los veía. En este momento descendió de los cielos una voz que decía: `venid a ver a dos personas únicas en mi universo. Uno sacrifica y la otra es sacrificada; el que sacrifica no duda y el que es sacrificado extiende la garganta”. 

¿No nos sirve este relato para iluminar la experiencia de Cristo en el Calvario, confiando también en la providencia del Padre?
 
Sin duda, podemos contemplar en Abrahán e Isaac al Padre y al Hijo; al que ofrece y a quien se ofrece. Y lo hacen mostrando una tremenda paciencia con nosotros: “Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios”, proclamaba la liturgia del domingo pasado (1 Pe 3,18). Hoy se nos exhorta: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?” (Rm 8,31-32)). ¡Qué hermosa definición de Dios! No es el que nos inmola a nosotros, el que exige de nosotros el pago del llanto, sino el Cordero que nos sustituye en el castigo merecido, Cordero de Dios que, cuando merecemos la muerte por nuestros pecados, nos perdona en el momento oportuno (cf Gn 22,13).
 


Dice el prefacio de este domingo de la transfiguración que “después de anunciar su muerte a los discípulos Jesús les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección”, que la última palabra no la tiene el sufrimiento y la muerte sino el gozo y la vida.

La  transfiguración es el relato de una experiencia mística, de una cercanía del misterio, el relato de un encuentro con el inefable, con Dios: “sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador” (Mc 9,3). Dios es aquel que no se puede ver, no por falta de luz, sino porque el exceso de luz ciega los ojos. Y la luz de Dios es el amor. ¿Por qué el misterio de la cruz ha sido siempre una luz que alumbra a unos y ciega a otros?

Los que aceptan la cruz como condición de su camino encuentran en ella una luz para su vida; su existencia queda iluminada por la cruz. Sin embargo, los que se escandalizan ante el dolor y el sufrimiento, los que no quieren tomar la cruz, y todos aquellos que hacen del sufrimiento rebuscado una exigencia de Dios, quedan ciegos y se encaminan al abismo. ¡Qué importante es que te preguntes por la imagen que tienes de Dios y te conviertas al Dios de Abrahán, Dios Padre de Jesucristo, Dios todo amor y ternura!

Casto Acedo Gómez. Febrero 2018..  paduamerida@gmail.com.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Ver... Escuchar... Seguir a Jesús

2º Domingo de Cuaresma, ciclo B
Gen 22,1-18  -  Rom 8,31-34  -  Mc 9,2-10

   Ver el rostro de Jesús en los niños y jóvenes que viven desorientados,
y necesitan cristianos que sean guías en esa dura etapa de sus vidas.
   También, ver el rostro de Jesús en las personas explotadas, sin casa
ni ropa para el frío, sin el pan de cada día, enfermas, encarceladas…
   Y, al mismo tiempo, escuchar a Jesús que nos sigue diciendo:
lo que hacen a uno de estos mis hermanos, me lo hacen a mí (Mt 25).

Los primeros discípulos de Jesús
   Al escuchar el llamado de Jesús, Pedro y Andrés, Santiago y Juan,
de inmediato dejan redes, barcas, trabajadores, familiares (Mc 1,16ss).
Después comprenderán que para seguir a Jesús es necesario:
despojarse del miedo… de la figuración… de las ansias de poder…
*Jesús al anunciar que va a padecer, morir crucificado y resucitar,
Pedro que piensa como los hombres y no como Dios,
rechaza esa posibilidad… quizás porque teme dar su vida (Mc 8,31ss).
*Cuando son rechazados en una aldea de Samaría, Santiago y Juan
quieren ordenar que caiga un rayo y acabe con esa gente (Lc 9,51ss).
*Al anunciar Jesús -por tercera vez- su muerte y resurrección (Mc 10),
Santiago y Juan le piden ocupar los primeros puestos en su Reino.
*Pedro niega conocer a Jesús, luego se arrepiente y llora (Mc 14,66ss).
No todo es sombra en la vida de los tres discípulos, hay también luces.
   Jesús que sabe lo que hay en el interior de cada persona (Jn 2,25),
se transfigura ante ellos para anunciarles su gloriosa resurrección.
Los que asesinan no tienen la última palabra, sino el Dios de la Vida.
   Pedro, Santiago y Juan estrechan la mano de Pablo y Bernabé,
en señal de comunión, por el apostolado que hacen entre los paganos;
y piden a Pablo y Bernabé que se acuerden de los pobres (Gal 2,9ss).
   Herodes Agripa que tiene las manos manchadas de sangre,
emprende una feroz persecución contra los discípulos de Jesús:
Hace degollar a Santiago, el hermano de Juan.
Y viendo que esto agrada a los judíos, arresta a Pedro (Hch 12,1ss).

Pedro no sabe lo que dice… Ellos están asustados…
   En la montaña, Pedro dice a Jesús: Maestro, ¡qué bien estamos aquí!
Incluso, para  quedarse a vivir allí, propone hacer tres chozas…
Pero lo cierto es que Pedro no sabe lo que dice… Están asustados.
   Muchos de nosotros, preferimos subir, alejarnos… pero no bajar.
Nos olvidamos que “allá abajo” hay hombres y mujeres que viven
en un ambiente corrupto, violento, injusto… los pobres no valen nada.
   Jesús, a quien debemos seguir, siendo de condición divina,
toma la naturaleza de servidor, se hace semejante a nosotros,
y se humilla hasta morir asesinado en una cruz (Filp 2,5ss).
   A muchos cristianos nos cuesta aceptar lo que Jesús dice:
Felices los que padecen persecución por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,10).
   Al respecto, reflexionemos en el siguiente testimonio de S. Pablo:
Nos vienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos.
Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados.
Perseguidos, pero no abandonados. Derribados, pero no destruidos.
Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús,
para que también su Vida se manifieste en nuestra vida (2Cor 4,8ss).

Éste es mi Hijo amado, escúchenlo
   Cuando Jesús nos da su mandamiento nuevo, añade:
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les digo (Jn 15,14).
*Sabiendo que Jesús nace pobre en un establo de animales (Lc 2,6s),
¿por qué hemos hecho de Navidad una fiesta de consumo superfluo?
*¿Somos de veras sal de la tierra y luz del mundo? (Mt 5,13ss).
*¿Seguimos a Jesús, olvidándonos de nosotros y cargando la cruz?
¿Qué nos impide entregar la vida por Jesús y por el Evangelio?
¿De qué sirve ganar todo el mundo, si perdemos la vida? (Mc 8,34ss).
*Hoy, los pequeños, los insignificantes, los despreciados (Mc 9,36s),
¿ocupan un lugar preferencial en nuestras celebraciones Eucarísticas?
*¿Tenemos Comunidades Eclesiales de Base, sabiendo que Jesús
está presente donde dos o tres se reúnen en su Nombre? (Mt 18,20).
*¿Qué nos impide despojarnos de títulos y vestimentas de otra época,
cuando Jesús nos dice: todos ustedes son hermanos? (Mt 23,8ss).
*¿Hasta cuándo seguiremos siendo piadosos fariseos que cumplen ritos,
pero descuidamos la justicia, la misericordia y la fe? (Mt 23,23).
   Escuchemos a Jesús, pues solo Él es el Camino, la Verdad, la Vida.
J. Castillo A.