miércoles, 15 de abril de 2015

Las manos y los pies de Jesús

III Domingo de Pascua (ciclo B)
Hch 3,13-19  -  1Jn 2,1-5  -  Lc 24,35-48

   Los discípulos de Jesús viven aterrorizados, pues el mismo castigo
que llevó a Jesús a ser crucificado, pesa sobre ellos si son detenidos.
   Además, están abatidos y preocupados pues por salvar sus vidas,
todos ellos abandonaron a Jesús en el huerto de Getsemaní. 
   Sin embargo, Jesús se presenta en medio de ellos para reconciliarlos
con un mensaje: de paz… de alimento… de conversión y perdón…

La paz esté con ustedes
   Jesús que ha sufrido en profundidad torturas y muerte en una cruz,
al resucitar, puede hablar de la paz que reconcilia, sana, da vida.
Jesús resucitado -víctima reconciliada y reconciliadora- se presenta
en medio de sus discípulos para anunciarles: La paz esté con ustedes.
Sin embargo, ellos tienen miedo, dudan, creen ver un fantasma.
Pero Jesús que busca reconciliar a sus discípulos apenados, añade:
Miren mis manos… Miren mis pies… Soy yo mismo...
Es el mismo Jesús de Nazaret que fue crucificado pero ha resucitado,
ahora tiene un cuerpo incorruptible, pero es la misma persona.
Sus discípulos, poco a poco, quedan admirados, se alegran y creen.
   Jesús, Profeta itinerante, caminó: -anunciando Buena Noticia
a los pobres, -liberando a los oprimidos, -sanando a los enfermos,
-alimentando a los hambrientos, -perdonando a los pecadores…
Este mismo Jesús, ahora resucitado, quiere que todos sus discípulos
no se queden paralizados por el egoísmo, la indiferencia, la rutina.
   Hoy, ante el incremento de la violencia -ya sea social o familiar-
Jesús quiere que seamos mensajeros de la paz, y nos sigue diciendo:
Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa (Lc 10).
   A las personas y grupos de poder político y económico: -que buscan
amontonar oro y cobre, -que despojan a los campesinos e indígenas
de sus tierras, -que destruyen el medio ambiente… Jesús les dice:
Ojalá en este día comprendas los caminos de la paz (Lc 19,41ss).
¿Hasta cuándo seremos pobres, gracias a las riquezas que tenemos?

¿Tienen aquí algo para comer?
   Jesús, después de mostrarles sus manos y pies, pide a sus discípulos
algo para comer. Ellos le ofrecen un trozo de pescado asado.
Para Jesús la comida es signo de: vida… acogida… reconciliación…
*Ante cinco mil personas que le siguen, Jesús pide a sus discípulos
compartir el pan de cada día: Denles ustedes de comer  (Lc 9,10ss).
*El Profeta Jesús acoge a publicanos y pecadores, y come con ellos:
-No vine a llamar a justos sino a pecadores, dice a los fariseos (Lc 5).
-Acoge a pecadores y come con ellos, critican sus enemigos (Lc 15).
-Ha ido a hospedarse en casa de un pecador, murmuran todos (Lc 19).
*En las comidas con los fariseos, Jesús anuncia compasión y perdón,
denuncia sus hipocresías, pide acoger y comer con los pobres:
-En la casa del fariseo Simón, Jesús perdona a una pecadora (Lc 7).
-El interior de ustedes fariseos está lleno de robos y malicias (Lc 11).
-Cuando ofrezcas una comida invita a pobres, cojos y ciegos (Lc 14).
*Las comidas con sus discípulos hablan de muerte y resurrección:
 -Jesús se sienta a la mesa con sus discípulos y les dice: Cuánto
  he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de padecer (Lc 22).
-Los de Emaús reconocen a Jesús resucitado al partir el pan (Lc 24).
-Jesús resucitado les dice: ¿Tienen aquí algo para comer? (Lc 24).
¿Imitamos a Jesús que acoge a todos…  y a todos  invita a su mesa?

Anunciar la conversión y el perdón de los pecados
   A continuación, Jesús pide a sus discípulos, ya reconciliados:
-ser testigos de su resurrección de entre los muertos, y
-anunciar la conversión y el perdón de los pecados.
   Hoy en día, cuando tantos pueblos son privados de tierra y agua,
cuando tantos trabajadores escupen sangre para que otros vivan mejor,
cuando tantas personas buscan en la basura algo que tenga valor…
los testigos de Jesús, muerto y resucitado, debemos comprometernos
para que todos ellos tengan vida, sean sujetos de su propia liberación,
y no simples objetos de caridad y de proyectos sociales paliativos.
   Debemos también, unidos a las víctimas reconciliadas, trabajar para
que el opresor reconozca el mal que ha hecho y, con la ayuda de Dios,
se convierta, pida perdón, repare todo el mal que ha ocasionado. Pues,
si alguien dice que conoce a Dios y no cumple sus mandamientos,
es un mentiroso y la Verdad no está en él (segunda lectura).      
J. Castillo A.

miércoles, 8 de abril de 2015

Jesús les muestra sus heridas

II Domingo de Pascua (ciclo B)
Hch 4,32-35  -  1Jn 5,1-6  -  Jn 20,19-31

   Teniendo presente la muerte cruel que Jesús padeció aquel viernes,
es difícil aceptar que hubiera resucitado de entre los muertos.
Por eso, los discípulos no creen a las mujeres que fueron al sepulcro,
piensan que es pura fantasía y no le hacen caso (Lc 24,11).
   Todo cambia cuando Jesús resucitado se aparece a sus discípulos,
anunciándoles un mensaje de paz… y mostrándoles sus heridas…

Los discípulos se alegran al ver al Señor
   Los discípulos de Jesús que viven en una sociedad donde hay
violencia, están en una casa con las puertas cerradas por miedo.
Entre ellos hay un Ausente: Jesús, su mensaje, sus obras, su ejemplo.
   Hoy, lamentablemente, hay comunidades cristianas que viven
con las puertas cerradas, instaladas en la comodidad, el estancamiento
y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres (DA, n.362).
   O como lo dice el Papa Francisco: Iglesia enferma por el encierro
y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades… Más que el
temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos:
-en las estructuras que nos dan una falsa contención, -en las normas
que nos vuelven jueces implacables, -en las costumbres donde nos
sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta
y Jesús nos repite sin cansarse: ¡Denles ustedes de comer! (EG, 49).
   Así como los discípulos se llenan de alegría al ver al Señor… hoy,
necesitamos ver a Jesús que está presente: cuando donde dos o tres
nos reunimos en su nombre (Mt 18). Solo así, Él nos libera del miedo,
nos da la paz, nos contagia su alegría, nos infunde su Espíritu para
perdonar, nos envía a anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios.
   Entonces sí, como dice la primera lectura, los creyentes: tendremos
una sola alma y un solo corazón… con fortaleza daremos testimonio
de la resurrección del Señor Jesús… no habrá entre nosotros ningún
necesitado, porque compartimos con ellos nuestros bienes… Esta
presencia de Jesús es el camino para transformar nuestra sociedad.

No seas incrédulo, sino creyente
   La verdadera presencia de Jesús se descubre en la comunidad:
Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28).
Tomás, al alejarse de la comunidad, no tiene la experiencia de sus
compañeros que están llenos de alegría porque han visto al Señor.
   Ocho días después Jesús se presenta de nuevo en medio de ellos,
y les anuncia una vez más: La paz esté con ustedes.
Jesús no quiere que nadie quede excluido de la alegría Pascual,
por eso invita a Tomás a ver y tocar sus heridas, signos de su muerte
y de su amor por nosotros. Esas heridas son fuente de reconciliación.
Jesús que fue torturado, puede enseñar sus heridas y hablar de ellas,
porque ya no son signos de dolor y de recuerdos desgarradores,
sino que se han convertido -por su resurrección- en heridas que sanan.
Ante las dudas de Tomás, Jesús le acoge y le ayuda, porque todavía
no goza de la paz y alegría que viene de la fe en el Resucitado;
es por eso que le dice: No seas incrédulo, sino hombre de fe.
   Tomás al comprobar que el mismo Jesús resucitado está delante él,
reconciliándole con amabilidad, exclama: ¡Señor mío y Dios mío!
Para todo proceso de reconciliación, incluso para liberar a los mismos
opresores, los mejores agentes son las víctimas reconciliadas.
Reconciliar no es olvidar una experiencia dolorosa, sino asumirla
con la finalidad de proyectarse hacia el futuro de manera diferente.
  
Felices los que crean sin haber visto
   Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dice: Felices
ustedes si lo ponen en práctica (Jn 13). La experiencia de Tomás
nos mereció esta promesa: ¡Felices los que creen sin haber visto!
   Reflexionemos en las siete bienaventuranzas del Apocalipsis,
que son una síntesis de esperanza y optimismo de todo el libro:
*Felices los que leen y escuchan este mensaje profético… (Apoc 1,3).
*Felices los que, en adelante, mueren fieles al Señor… (14,13).
*Felices los que están despiertos y conservan sus vestidos… (16,15).
*Felices los invitados al banquete de la boda del Cordero… (19,9).
*Felices y santos los que participan de la primera resurrección (20,6).
*Felices los que practican estas palabras proféticas… (22,7).
*Felices los que lavan sus ropas para participar del árbol de la vida
(ellos lavaron sus ropas en la sangre del Cordero) (22,14; 7,14).
J. Castillo A. 

miércoles, 1 de abril de 2015

Jesús resucitó al tercer día

Resurrección del Señor (ciclo B)
Hch 10,34-43  -  Col 3,1-4  -  Jn 20,1-9

   En el corazón de nuestra fe hay un Crucificado: Jesús de Nazaret.
Los poderosos buscan por todos los medios apagar su voz profética,
para que nadie oiga que los pobres son los preferidos de Dios.
Por eso, le arrestan, le torturan como a un delincuente, y le crucifican.
Pero Dios hace justicia a su Hijo y lo resucita de entre los muertos
y, desde entonces, hay esperanza para los crucificados de la tierra.

Se han llevado del sepulcro al Señor
   Son muchas las mujeres-discípulas de Jesús que le siguen y sirven,
cuando Él anuncia el Reino de Dios con palabras y obras, en Galilea.
Por fidelidad caminan a Jerusalén con Jesús y permanecen firmes
a su lado cuando va al Calvario. Contemplan de cerca al Crucificado.
Miran la sepultura. Y, el primer día de la semana, ven la tumba vacía.
Su perseverancia es recompensada cuando la Vida vence a la muerte,
pues, hay siempre una noche oscura para cada amanecer.
   Según el evangelio de hoy, el primer día de la semana, al amanecer,
María Magdalena va al sepulcro y ve que la piedra está retirada.
¿Las autoridades habrán ordenado que el cuerpo de Jesús sea arrojado
a una fosa común, convirtiéndolo así en un muerto-desaparecido?
   Ante esta nueva tragedia, María Magdalena busca a Simón Pedro
y a Juan para decirles: Se han llevado del sepulcro al Señor… 
Luego, como seguía llorando, dos ángeles le dicen: ¿Por qué lloras?
Ella responde: Se han llevado a mi Señor y no sé donde lo han puesto.
Cuando Jesús mismo le pregunta: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella le dice: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto…
   Con el llanto de María Magdalena interroguemos nuestra historia:  
¿Por qué se sigue protegiendo a quienes cometieron actos criminales
durante el conflicto armado interno que sufrimos entre 1980-2000?
¿Hasta cuándo los familiares seguirán llorando por sus seres queridos
que fueron arrestados... torturados… asesinados… desaparecidos?
¿Algún día habrá reconciliación basada en la verdad y justicia?

Resurrección y reconciliación
   La reconciliación: no es impunidad, ni borrón y cuenta nueva.
Todo lo contrario: -Es un don de Dios y una tarea de nuestra parte.
-Significa nueva relación con Dios, con uno mismo y con los demás.
-Se lleva a cabo sobre la base de la verdad, la justicia, la paz.
-Se orienta a que las víctimas asuman el problema que padecieron,
se transformen, caminen hacia un futuro diferente, den vida a otros,
y busquen incluso que los agresores se arrepientan y pidan perdón.
   No olvidemos que Dios Padre está de parte de las víctimas, a saber,
los pobres, huérfanos, viudas, forasteros, oprimidos, encarcelados…
En efecto, cuando Dios resucita a su Hijo, manifiesta que la última
palabra no es la injustica, la crueldad, la muerte… sino la Vida.
Hoy, ¿estamos del lado de los que crucifican o de los crucificados?
¿Somos cómplices con los que matan o nos solidarizamos con los que
entregan su vida por defender al ser humano y a la madre tierra?
   La vida de María Magdalena cambia cuando Jesús la libera de una
grave enfermedad. Luego, ella sigue a Jesús y le sirve con sus bienes.
Más tarde, mientras llora por haber encontrado el sepulcro vacío,
Jesús se dirige a ella llamándola por su nombre: ¡María!
Ella, al reconocer esa voz amiga, exclama: ¡Maestro!
De inmediato, Jesús le confía una misión: Ve a decir a mis hermanos:
Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes.
Desde entonces, ella anuncia a los discípulos: He visto al Señor;
llegando a ser: La apóstol de los apóstoles (S. Hipólito, +235). 
   Este es el proceso de reconciliación de María Magdalena.
Es un ejemplo sobre la misión que desempeñan las mujeres,
cuando se trata de la espiritualidad y el ministerio de la reconciliación.
Ayer y hoy, ante hechos dolorosos de violencia, muerte, desaparición;
son mujeres las que buscan caminos diferentes que hablan de vida.
Tenemos una tarea pendiente: crear comunidades de reconciliación
donde se cultive la vida... único camino para desterrar toda violencia.
   Sigamos reflexionando en el siguiente texto de San Pablo:
El que vive en Cristo es una nueva criatura. Lo antiguo pasó,
ha llegado lo nuevo. Todo es obra de Dios, que nos reconcilió con Él
por medio de Cristo, y nos confió el ministerio de la reconciliación…
Por Cristo le suplicamos, déjense reconciliar con Dios (2Cor 5,17ss).
                   FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN          
J. Castillo A.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Entrada de Jesús en Jerusalén

Domingo de Ramos (ciclo B)
Is 50,4-7  -  Flp 2,6-11  -  Mc 11,1-10  -  Mc 14,1-15,47

   Los textos evangélicos nos presentan a Jesús, pobre y humilde,
desde su nacimiento en Belén hasta su muerte en el Calvario. 
   Sin embargo, hay personas y grupos interesados por el dinero que
hacen de Semana Santa, una semana de turismo, consumo, comercio.
   No nos dejemos arrastrar por costumbres humanas ni por mensajes
rutinarios que oscurecen celebrar el triunfo de la vida sobre la muerte.

El Señor lo necesita y pronto lo devolverá
   Jesús después de predicar el Reino de Dios y su justicia, en Galilea,
toma la decisión de ir a la ciudad Jerusalén, donde las autoridades
matan a los profetas y apedrean a los enviados de Dios (Mt 23,37ss).
   Fiel a su misión, mientras va a Jerusalén, Jesús sigue dando vida.
En Jericó, Bartimeo, hijo de Timeo, un mendigo, ciego y marginado;
al oír que es Jesús, grita: Hijo de David, ten compasión de mí.
Gracias al llamado y a la acogida de Jesús, su vida va a cambiar:
*Arroja su manto. Deja todo, como hicieron los primeros discípulos.
*Se levanta y se acerca a Jesús. Para un encuentro personal con Jesús,
Bartimeo se libera de las ataduras que lo tenía postrado en el camino.
*Recupera la capacidad de ver. En adelante, verá el sufrimiento
y oirá los lamentos de la gente pobre, pero sin permanecer indiferente.
*Sigue a Jesús. Descubrirá que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.
   Después, Jesús prepara su ingreso a Jerusalén, y lo hace montado
en un burrito prestado, pues no tiene dinero, armas ni poder. Es pobre.
Más tarde, celebrará la Cena Pascual en una sala prestada (Mc 14,14).
   Así es Jesús, no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8,20) y, además,
actúa  libremente ante las autoridades de este mundo. Hoy, también,
que nuestra Iglesia esté libre de ataduras temporales… Que ‘libre de
espíritu respecto a los vínculos de la riqueza’, sea más transparente
y fuerte su misión de servicio. Que esté presente en la vida y tareas
temporales, reflejando la luz de Cristo (Medellín, Pobreza de la Iglesia).

¡Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor
   Mientras Jesús ingresa a Jerusalén, los que le acompañan gritan:
¡Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor (Sal 118,25s).
Hosanna es una palabra hebrea que significa: Señor, sálvanos.
   Salvar con palabras y obras, empezando por los marginados,
tiene un precio: insulto, amenaza, muerte… Así sucede con Jesús.
Sus familiares creen que está loco… Es despreciado por sus paisanos
de Nazaret… Los escribas y fariseos no solo dicen que es bebedor,
comilón y amigo de pecadores, sino que buscan arrestarlo…
   Jesús, fiel a la voluntad de Dios Padre, no permanece indiferente
ante el sufrimiento de las personas que exclaman: Señor, sálvanos.
Como dice el apóstol Pedro: Jesús de Nazaret pasó haciendo el bien
y sanando a los oprimidos por el maligno, porque Dios estaba con Él.
Nosotros somos testigos de lo que hizo en Judea y Jerusalén (Hch 10).
   En nuestros días, los criterios de quienes tienen poder económico,
no coinciden con los criterios de Jesús a quien debemos seguir.
En consecuencia, la celebración de la muerte y resurrección de Jesús,
debemos relacionarla con el sufrimiento injusto de tantos inocentes.
*No podemos ni debemos dar prioridad a los adornos superfluos…
sabiendo que la gloria de Dios consiste en que todos tengamos vida.
*No podemos decir que somos seguidores de Jesús de Nazaret…si no
introducimos verdad y justicia donde se desprecia a los indefensos.
*No podemos separar los latigazos que Jesús recibió… de las balas
que ahora reciben los manifestantes cuando exigen sus derechos.
*No podemos separar los salivazos lanzados al rostro de Jesús…
de las humillaciones lanzadas por los países ricos a los países pobres.
*No podemos olvidar que los funcionarios del templo de Jerusalén,
que pidieron la crucifixión de Jesús… están presentes en aquellos que
ponen cargas insoportables sobre las espaldas de las personas débiles.
*Si permanecemos indiferentes ante los siguientes rostros sufrientes:
-de niños golpeados por la pobreza desde antes de nacer,
-de jóvenes desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad,
-de indígenas y campesinos privados de la tierra en que nacieron,
-de trabajadores explotados que no pueden defender sus derechos,
-de los que viven en la miseria, frente al lujo de grupos privilegiados,
-de ancianos marginados de la sociedad de consumo…etc. (DP 31ss);
estaremos celebrando todo… menos Semana Santa.     
J. Castillo A.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Queremos ver a Jesús

V Domingo de Cuaresma (ciclo B)
Jer 31,31-34  -  Heb 5,7-9  -  Jn 12,20-33

   Algunos griegos han ido a la ciudad de Jerusalén para la Pascua.
Sin embargo, no van al templo convertido en una cueva de ladrones,
ellos se acercan a Felipe y le dicen: Queremos ver a Jesús.
   Mientras los sumos sacerdotes y fariseos buscan arrestar a Jesús,
unos extranjeros, generalmente odiados por los judíos, quieren verle;
pues Él vino a salvar a todos: Tengo otras ovejas que no son de este
redil, también a ellas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz,
y se forme un solo rebaño con un solo pastor (Jn 10,16).

Si el grano de trigo muere, da mucho fruto
   Al enterarse que algunos griegos quieren verle, Jesús contesta:
Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado;
con estas palabras, Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección.
Luego añade: Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere,
queda solo, pero si muere da mucho fruto. El que se ama a sí mismo
se pierde, el que entrega su vida la conserva para la vida eterna.
   Jesús vino a este mundo no para buscar cruces y sufrimientos,
sino para salvarnos, para hacer más digna la vida de todos.
Su muerte en una cruz es consecuencia de su fidelidad a Dios Padre,
y de su amor y servicio a todos, en particular a los pobres que sufren;
pues, el amor más grande es dar la vida por sus amigos (Jn 15,13).
   Por eso, si queremos ver a Jesús, no lo busquemos en las nubes…
tampoco en los adornos superfluos… ni en los títulos majestuosos…
Vayamos al Calvario, donde vamos a encontrar a un ser humano
excluido de la sociedad y condenado a morir como un delincuente
por: -dar de comer a los hambrientos, -sanar a los enfermos, -acoger
a los despreciados, -perdonar a los pecadores, -liberar a los oprimidos.
   Si queremos ver a Jesús, hay que buscarlo: -en los rostros sufrientes
de sus hermanos pobres, -en los que dan su vida por los hijos de Dios,
-en los que defienden el agua y la madre tierra, -en los que son odiados
y perseguidos por escuchar sus enseñanzas y ponerlas en práctica…

Donde yo estoy allí también estará mi servidor
   Jesús no quita la vida a nadie… como Buen  Pastor entrega su vida
para que tengamos vida plena. Él nos dice: El que quiera servirme,
que me siga, y donde yo estoy allí también estará mi servidor.
   En la historia de la Iglesia, encontramos hermanos mayores en la fe,
que fueron servidores buenos y fieles hasta derramar su propia sangre.
Entre ellos está el obispo salvadoreño Oscar Romero (1917-1980).
   Dos semanas antes de ser asesinado, en una entrevista había dicho:
Como pastor estoy obligado por mandato divino a dar la vida por
quienes amo, que son todos los salvadoreños. Aun por aquellos que
vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya
ofrezco a Dios mi sangre por la redención de El Salvador. El martirio
es una gracia de Dios que no creo merecer; pero, si Dios acepta el
sacrificio de mi vida, que mi sangre entonces sea semilla de libertad
y señal de que la esperanza será pronto una realidad… Un obispo
morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás.
   En su última homilía, domingo 23 de marzo -V de Cuaresma- dijo:
(…) Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer
la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado
a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral nadie
tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia,
y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado.
La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios,
de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada
ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio
que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre.
En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos
lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico,
les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡Cese la represión!
Estas proféticas palabras fueron también su sentencia de muerte.
   Al día siguiente 24 de marzo de 1980, en su última Eucaristía dijo:
Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres
nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre
al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar
conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos pues,
íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por Doña
Sarita y por nosotros. Luego sonó el disparo mortal, eran las 6.30 pm.
Este Obispo mártir, será beatificado el 23 de mayo del 2015.   
J. Castillo A.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Nicodemo busca a Jesús

IV Domingo de Cuaresma, ciclo B
2Cro 36,14-16  -  Ef 2,4-10  -  Jn 3,14-21

   El Evangelio de hoy nos presenta la parte final del diálogo de Jesús
con Nicodemo: fariseo, maestro en Israel y magistrado del Sanedrín,
supremo tribunal que sentenció a Jesús a morir crucificado (Jn 11,53).
   Nicodemo (el que vence al pueblo) tiene poder político, económico
y religioso; sin embargo, busca a Jesús porque viene de parte de Dios.
   Después de decirle que el Hijo del hombre será elevado, es decir,
crucificado; Jesús le habla del inmenso amor que Dios nos tiene, pero
hay personas que prefieren las tinieblas porque sus obras son malas.
   Más tarde, Nicodemo defenderá a Jesús cuando intentan detenerlo
y, con José de Arimatea, enterrará el cuerpo de Jesús (Jn 7,51;  19,39).

Creer en el Crucificado para tener vida eterna
   La imagen de la serpiente de bronce que Moisés mandó levantar
en el desierto (Num 21,4-9), encuentra su pleno significado en Jesús,
que es elevado -crucificado y resucitado- para salvar a la humanidad.
En efecto, los judíos que habían sido mordidos por una serpiente,
podían ver aquella figura, pero solo para quedar sanos en el cuerpo.
En cambio, los que ven a Jesús y creen en Él, tienen vida eterna;
porque el Hijo único de Dios vino no para condenar sino para salvar.
   Jesús sigue sufriendo en las personas que, como el pobre Lázaro,
viven desnudos, enfermos, hambrientos… mientras en la otra orilla
hay ricos insensibles y ciegos ante el sufrimiento de los pobres.
   Al respecto, Bartolomé de Las Casas, obispo defensor de los indios,
en 1559, hizo esta severa denuncia: Dejo en las Indias a Jesucristo,
nuestro Dios, azotado y afligido, abofeteado y crucificado, no una,
sino millares de veces, cuando de parte de los españoles, se destruye
a aquellas gentes… y se les quita la vida antes de tiempo.
¿Hasta cuándo el sistema neocolonialista y sus nuevos encomenderos
despojarán de sus tierras a los pobres campesinos… para satisfacer
los intereses de grupos económicos que destruyen irracionalmente
las fuentes de vida en perjuicio de la misma humanidad? (DA 471).

Dios nos ama y nos entrega a su Hijo único
   El proyecto de Dios Padre está hecho de amor gratuito que da vida.
Por eso, Dios mismo nos entrega todo lo que posee: su Hijo único,
para que todos los hombres y mujeres nos amemos y tengamos vida:
Les doy un mandamiento nuevo: ámense unos a otros como yo les
he amado. En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos,
en el amor que se tengan unos a otros (Jn 13,34s).
   Ahora bien, teniendo en cuenta las enseñanzas y obras de Jesús,
sus seguidores debemos optar: estar con Jesús, a favor de la vida;
o estar contra Jesús, a favor de la muerte. No hay término medio.
En el diálogo con Nicodemo, Jesús le dice: Dios envió a su Hijo
no para condenar, sino para que el mundo se salve por medio de Él.
   Jesús no juzga ni condena, simplemente invita a hacer una opción.
Son las mismas personas las que se juzgan a partir de lo que hacen:
si están a favor de la vida se salvan, caso contrario se condenan.
En otras palabras, nuestra práctica será también nuestra sentencia:
Si uno dice: ‘yo amo a Dios’, y al mismo tiempo odia a su hermano,
es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve,
¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve? (1Jn 4,20).

Quien practica la verdad se acerca a la luz
   En este tiempo de Cuaresma examinemos cuánto de luz y tinieblas
hay: en nuestra vida… en nuestras familias… en nuestra sociedad…
Cuánto de luz y tinieblas hay: en nuestras comunidades eclesiales,
y en las organizaciones sociales que están en el campo y en la ciudad.
Cuánto de luz y tinieblas hay: en nuestras autoridades ‘creyentes’
y en sus políticas de gobierno local… regional… nacional…
   Como discípulos misioneros de Jesús, debemos ser luz
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.
También debemos denunciar todos aquellos proyectos
que nos mantienen en las tinieblas de la injusticia y corrupción.
   Hay países cuyas autoridades prefieren las tinieblas… odian la luz,
dan leyes que favorecen los intereses de grupos egoístas y extranjeros.
En este contexto, defender la vida de las personas pobres, y la vida
nuestra madre tierra, trae consigo persecuciones, cárceles, muertes…
Sin embargo, Jesús nos dice: El que quiera salvar su vida, la perderá;
pero quien la pierda por mí y por el Evangelio, la salvará. ¿De qué le
vale al hombre ganar todo el mundo, si pierde su vida? (Mc 8).
J. Castillo A.