miércoles, 26 de marzo de 2014

Ver con el corazón

IV Domingo de Cuaresma (ciclo A)
1Sam 16,1-13  -  Ef 5,8-14  -  Jn 9,1-41

Algunos fariseos y maestros de la Ley, ‘estudiosos’ de la Escritura, expulsan de la sinagoga a todos aquellos que no piensan como ellos, y desprecian a Jesús, llamándole: samaritano, endemoniado, pecador.
Muy diferente el camino de fe que recorre un joven, mayor de edad, que nació ciego, es pobre y vive pidiendo limosna. Gracias a Jesús, recupera la plena capacidad de ver hasta confesar: Señor, yo creo.

¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!
Una vez que el joven ciego recupera la capacidad de ver, se levanta
y empieza a actuar. De inmediato surgen una serie de problemas.
*Ante las habladurías de sus vecinos, aquel joven les dice: soy yo;
“soy el mismo ciego que vivo marginado por la sociedad y la religión,
pero ahora veo, gracias a un hombre que se llama Jesús”.
*No satisfechos con la respuesta, lo llevan ante los fariseos,
personajes que imponen su verdad porque creen saberlo todo.
Interrogado por los fariseos, el joven les narra su experiencia
diciéndoles: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.
De inmediato, surge un desacuerdo entre los fariseos. Unos afirman:
Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros dicen: ¿Cómo puede un pecador realizar semejantes signos?
*Luego, los fariseos llaman a los padres del joven y les preguntan: 
¿Es éste su hijo el que ustedes dicen nació ciego? ¿Cómo ve ahora?
Los padres, por miedo de ser expulsados de la sinagoga, responden:
Pregúntenle a él, es mayor de edad y puede responder por su cuenta.
*Los fariseos, llaman de nuevo al que había sido ciego y le dicen:
Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
Él responde: No sé si es pecador. Y, para confusión de ellos, añade:
Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no tendría ningún poder.
Fue entonces cuando los fariseos le dicen: Naciste lleno de pecado,
¿y pretendes darnos lecciones a nosotros? Y lo expulsaron…
Hay personajes que prefieren las tinieblas porque sus obras son malas.

¡Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios!
Él es un joven adulto, nació ciego y sobrevive pidiendo limosna.
Sin embargo, el encuentro personal con Jesús cambia su vida, para
caminar -entre luces y sombras- hasta confesar que Jesús es el Señor.
*Cuando sus vecinos le preguntan: ¿cómo se te han abierto los ojos?,
solo narra lo que hizo con él un hombre a quien llaman Jesús.
Y, cuando le vuelven a preguntar: ¿Dónde está?, contesta: No lo sé.
Por ahora, aquel joven solo conoce a Jesús de una manera vaga,
pero esta experiencia es punto de partida para seguir avanzando.
*Más adelante, cuando los fariseos le preguntan: ¿qué piensas de Él?,
el joven les da este testimonio: Es un profeta. En otras palabras,
Jesús puede realizar tales obras porque viene de parte de Dios.
*Según los fariseos hubiera sido mejor que dijera: Es un pecador.
Sin embargo, el que antes era ciego dice: Si es un pecador no lo sé.
Solo sé una cosa, que yo antes era ciego y ahora veo.
Y, al verlos tan preocupados, aquel joven les pregunta con ironía:
¿Acaso ustedes también quieren hacerse discípulos de Él?,
y luego añade: Dios escucha al que le honra y hace su voluntad.
*Cuando Jesús, el Buen Pastor, oyó que lo habían expulsado,
va a su encuentro y le pregunta: ¿Crees en el Hijo del Hombre?
Más adelante, el joven se arrodilla ante Jesús y exclama: Creo, Señor.
Así es Jesús, acoge a los pequeños y confunde a sabios e inteligentes,
pues solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.
Al final, Jesús se dirige a los ‘especialistas’ que no dudan de nada,
para decirles: He venido a este mundo para iniciar una crisis:
los ciegos, van a ver… y los que ven, van a quedar ciegos…
¿Quiénes son los que actualmente ‘ven’ pero de hecho son ‘ciegos’?
El papa Francisco al hablar de la oscura mundanidad espiritual dice:
Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos,
rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione,
destaca los errores ajenos, y se obsesiona por la apariencia…
Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí,
de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos
libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales!
Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro
del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros
mismos… ¡No nos dejemos robar el Evangelio! (EG, n.97).  
J. Castillo A.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Escuchar y poner en práctica

II Domingo de Cuaresma (ciclo A)
Gen 12,1-4  -  2Tim 1,8-10  -  Mt 17,1-9

Para anunciar el Reino de Dios, Jesús tuvo muchas dificultades, tanto de las autoridades religiosas como de sus propios discípulos. Así por ejemplo, cuando anuncia su pasión, muerte y resurrección, Pedro le reprende… Santiago y Juan buscan los primeros puestosJesús para animarlos sube con ellos a una montaña donde les muestra, anticipadamente, la victoria de la vida sobre la muerte.

Señor, ¡qué bien estamos aquí!
Jesús llama a Pedro, a Santiago y a Juan, y los lleva a una montaña;
allí se transfigura, y aparecen Moisés y Elías conversando con Él.
Fue entonces cuando Pedro dice: Señor, ¡qué bien estamos aquí!
En el fondo, Pedro tiene miedo y no sabe lo que dice (Mc 9,6).
También hoy, muchos preferimos vivir cómodamente instalados,
en nuestra propia orilla, sin preocuparnos de las personas que sufren. 
En cambio, si pasamos a la otra orilla veremos otra realidad.
Allí están: los que tienen el rostro desfigurado por el hambre y la sed;
los forasteros y desnudos, despojados de la tierra en que nacieron;
los enfermos abandonados, los encarcelados injustamente (Mt 25).
Al ver esta realidad, ¿podemos decir: Señor, qué bien estamos aquí?
Sin embargo, el 6 y 7 de marzo, un numeroso grupo de funcionarios
y empresarios peruanos estuvieron en Nueva York, para difundir
lo siguiente: ‘el Perú es un país atractivo para la inversión comercial’.
Somos un país ‘atractivo’ porque: -aquí el sueldo mínimo mensual
es de $ 267 dólares, mientras los ministros ganan $ 10,700 dólares;
-se ha reducido las exigencias del cuidado del medio ambiente,
-se ha exonerado la Consulta Previa a 14 grandes empresas mineras,
-se adormece a los pobres con muchísimos programas paliativos, etc.
Ante estas y otras injusticias que claman al cielo, escuchemos la voz
de Dios: Caín, ¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano Abel,
que has derramado en la tierra, pide justicia. Por eso, maldito seas
y quedas expulsado de la tierra que ha bebido esa sangre (Gen 4).

Este es mi Hijo, escúchenlo
Mientras Pedro está hablando, una nube luminosa les cubre
y desde el interior de la nube se oye la voz del Padre que dice:
Éste es mi Hijo muy amado, mi predilecto. Escúchenlo.
Lo importante ya no son los representantes de la Ley y los Profetas,
sino Jesús  -el Hijo amado de Dios- a quien debemos escuchar.
Meditemos sobre las Bienaventuranzas y el Juicio de las naciones:
*Jesús al ver a sus seguidores les dice: Felices ustedes los pobres…
los que tienen hambre… los que lloran… los que son perseguidos.
Pero, ¡ay de ustedes los ricos… los satisfechos… los que ríen! (Lc 6).
*Y en el Juicio de las naciones, Jesús dice a los buenos: Vengan,
benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino; porque tuve hambre
y me dieron de comer… Les aseguro, lo que ustedes han hecho a uno
de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron.
En cambio, a los malos les dice: Apártense de mí, malditos, porque
tuve hambre y no me dieron de comer… Lo que no hicieron con
mis hermanos más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo (Mt 25).
*Al respecto, S. Juan Crisóstomo dice: ¿De que sirve adornar la mesa
de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre?
En nuestro país, ‘atractivo para las inversiones’, lamentablemente,
hay hombres y mujeres que buscan en la basura algo que tenga valor
para: -hacer crecer el sueldo, -disimular el hambre, -sobrevivir…
Jesús nunca permanece indiferente ante el sufrimiento humano,
sus palabras y sus obras son para nosotros un ejemplo que imitar.
*Animados por su palabra que nos dice: Levántense, no tengan miedo,
reflexionemos cuando Jesús y sus discípulos dan de comer a la gente:
Al desembarcar, Jesús ve la multitud… se compadece porque eran
como ovejas sin pastor… y se pone a enseñarles muchas cosas…
Como atardecía, los discípulos le dicen: El lugar es despoblado
y ya es muy tarde; despídelos para que vayan a los pueblos vecinos
a comprar algo para comer. Jesús les dice: Denles ustedes de comer.
Luego, Jesús toma en sus manos los cinco panes y los dos pescados…
mira al cielo… pronuncia la bendición… parte los panes…
y se los da a sus discípulos para que los repartan entre la gente…
Todos comieron hasta quedar satisfechos (Mc 6). No necesitan irse.
*Cuando escuchamos las palabras de Jesús y las ponemos en práctica,
entonces sí podemos decir: ¡Señor, qué bien estamos aquí!
J. Castillo A.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Tentaciones de cada día

I Domingo de Cuaresma (ciclo A)
Gen 2,7-9; 3,1-7  -  Rom 5,12-19  -  Mt 4,1-11
 
Jesús sale de  Nazaret, donde se había criado, cuando tenía treinta años; y va hacia el río Jordán para ser bautizado por el profeta Juan. Luego se retira al desierto, donde lleva una vida de ayuno y oración, para ver el camino que ha de seguir en el anuncio del Reino de Dios; desechando toda ambición económica… religiosa… y política…

Ordena que estas piedras se conviertan en pan
Después de un largo ayuno, Jesús tiene hambre. Sin embargo,
se resiste a utilizar a Dios para convertir las piedras en pan, pues
no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de Dios.
Jesús no es una persona egoísta que busca su propio interés,
por eso, al ver el hambre que padecen las personas que le siguen,
pide a sus discípulos compartir el pan con los hambrientos (Mt 14).
Quienes, hoy, tienen poderes económicos y tecnológicos extraen
de las entrañas de nuestra madre tierra: gas… petróleo… minerales… 
y dan trabajo (pan) a los habitantes del lugar por cierto tiempo.
Sin embargo, pocos privilegiados se aprovechan de esas riquezas,
dejando sumergidas en la pobreza y exclusión a inmensas mayorías.
Ante estas injusticias, ¿podemos permanecer ciegos, sordos y mudos?
Para el profeta Isaías, el ayuno que agrada a Dios consiste en:
Romper las cadenas de la injusticia. Dejar libres a los oprimidos.
Acabar con toda tiranía. Compartir tu pan con el hambriento. Vestir
al desnudo. Hospedar al forastero. Socorrer al necesitado (Is 58).
Ante el consumismo esclavizador que solo favorece a los ricos,
tiene actualidad las palabras de S. Gregorio de Nisa (siglo IV):
Tal vez des limosna, pero ¿de dónde la sacas si no es robando?
Si el pobre supiera de donde viene tu limosna, lo rehusaría y te diría:
No sacies mi sed con las lágrimas de mis hermanos. No des al pobre
el pan que amasaste con la sangre de mis compañeros en la miseria.
Devuelve a tu semejante lo que injustamente le has quitado. ¿Para
qué consolar a un pobre, si por otro lado creas cien pobres más?...

Desde el templo de Jerusalén
Luego, el tentador propone a Jesús ingresar a la ciudad de Jerusalén
descendiendo triunfalmente desde la parte más alta del templo;
y no debe tener miedo, porque los ángeles de Dios le van a proteger. 
Jesús no vino a este mundo para buscar figuración, prestigio, honor… 
Vino a entregar su vida para que nosotros tengamos vida plena.
Acerca del templo, el profeta Jeremías hizo la siguiente denuncia:
No se engañen diciendo: ¡El templo del Señor! ¡El templo del Señor!
Si enmiendan su conducta y sus acciones, si juzgan rectamente,
si no oprimen a los emigrantes, a los huérfanos y a las viudas;
si no derraman sangre inocente en este lugar,
si no dan culto a otros dioses para desgracia de ustedes mismos;
entonces yo les dejaré vivir en esta tierra que di a sus antepasados…
¿Creen que este templo es una cueva de ladrones? (Jer 7,1-11).
Más tarde, en el sermón de la montaña, Jesús dirá a sus seguidores:
No el que me diga: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos,
sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo.
Aquel día muchos me dirán: Señor, en tu nombre hemos predicado…
hemos expulsado demonios… y hemos realizado muchos milagros…
Pero yo les diré: No les conozco, aléjense de mí, malhechores (Mt 7).

Los reinos y las grandezas de este mundo
Finalmente, desde una montaña muy alta, Jesús contempla el mundo
con sus injusticias, corrupciones, mentiras, opresiones, guerras…
Siguiendo la voluntad del Padre misericordioso, Jesús vino para
introducir en este mundo el Reino de la verdad, justicia y paz.
Sus enseñanzas no las impone con poder, las ofrece con amor.
Toda su vida es un ejemplo de servicio a los oprimidos: El que quiera
ser el primero, que se haga servidor de los demás (Mt 20,20-28).
En nuestros días, los seguidores de Jesús, debemos despojarnos
de ataduras temporales, confabulaciones y prestigios ambiguos;
solo así nuestra misión de servicio será más transparente y fuerte.
Son palabras de nuestros obispos en Medellín (1968) y continúan:
Que se presente cada vez más nítido en Latinoamérica
el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual,
desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida
en la liberación de todo el hombre y de todos los hombres.  
J. Castillo A.

jueves, 27 de febrero de 2014

No al consumismo (Domingo, 2 de Marzo)

Aquella chica estaba feliz porque tenía un bonito vestido para la fiesta; lo miraba una y otra vez y se convencía a sí misma con orgullo de que no podría tener uno mejor.  La otra entró en la sala-vestidor y  contempló con cierta tristeza sus muchos vestidos colgados en los percheros y sus innumerables zapatos dispersos por el habitáculo; unos apenas usados, otros sin estrenar;  y sólo veía en todo aquello  los vacuos antojos  de un tiempo demodé. Con tristeza y ánimo quejumbroso se volvió a su madre: -¡Mamá, no tengo nada que ponerme!

La comida, la bebida, la vivienda, el vestido,  todos los bienes materiales, no son el fin de la vida sino solo medios para vivir. El error más grande que se puede cometer consiste en  considerar internamente que se puede alcanzar la plenitud de la felicidad  acumulando lujos. Es la equivocación  -podemos decir "el pecado"- que con más fuerza seduce a los hombres.
Consumir es connatural al hombre. Sin el consumo de alimento, vestido y otros productos esenciales, moriríamos. Pero más allá del necesario consumo, cruzando la línea roja de lo estrictamente necesario, está la sociedad consumista, la que usa el espacio, el tiempo, la comida, la bebida y los demás recursos naturales no para un sano vivir sino para tapar el agujero que provoca la angustia de estar muerto. El consumista no gasta, derrocha; no vive, oculta sus muertes. El consumismo es como una droga que quiere poner remedio a la frustración personal; pero aunque el ambicioso  pueda engañar a algunos e incluso alcance a engañarse  a sí mismo, nunca podrá engañar a Dios.
Con cierta desolación mira nuestro Señor a quien ha puesto su total  confianza en el dinero. “Necio –le dice- esta noche misma te van a pedir la vida. Lo que has acumulado ¿para quién será?” (Lc 12,20). Porque una de las verdades más claras y concisas del Evangelio de Jesucristo es que “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24), “que es una idolatría” (Ef 5,5). Cuando el dinero deja de ser medio para ocupar el lugar de los fines sobreviene la ruina de la vida. ¿Tiene sentido vivir para acumular? ¿Crees que el dinero puede por sí mismo  proporcionarte una vida completamente satisfactoria?  Si tu respuesta es no -sin negar el valor que la riqueza tiene como medio para vivir y hacer vivir- eres una mujer o un  hombre sabio.
El remedio para la tristeza de la vida consumista está en el cambio de valores. Si lo que cotiza en tu corazón es el vil metal, éste dios menor te obligará a trabajar sin descanso para servirle; y, como si fuera el dios Cronos -dios del tiempo-, irá devorando tu vida. Porque el dios-consumo consume al consumidor compulsivo. Pero si pones a Jesús y su Evangelio en el centro de tu existir, si te riges por el principio  de que “vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido” (Mt 6,25), si pones tu confianza ante todo en Dios -si tienes fe verdadera-, si te crees de verdad que Dios es el sustento del pobre y si entiendes que, además de Padre, Dios es también Madre que  nunca abandona a sus hijos (cf Is 49,14-15), habrás hallado el tesoro del cielo (cf Mt 6,19-21) y vivirás sin preocupación por el mañana, gozando y luchando el hoy, que ya tiene de por sí sus propios problemas que afrontar. A cada día le bastan sus disgustos. Y también a cada día le acompañan sus buenos momentos.
No hinches, pues, tu armario con vestidos para “las ocasiones”; aprovecha “la ocasión” y vive.  Dios está aquí y ahora, vuélvete a Él. A cada día su afán.
* * * * * * *
Para una reflexión más amplia sobre la Palabra de este domingo 8º del Tiempo ordinario hacer   click en en enlace o en la foto que sigue:
http://parroquiasanantoniodemerida.blogspot.com.es/2011/02/no-os-agobieis-por-el-manana-8-dom-ord.html
 
Casto Acedo. Febrero-Marzo 2014.
 
 

jueves, 20 de febrero de 2014

El templo que soy (Domingo 23 de Febrero)


“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros” (1 Cor 3,16-17)

Es propio de un cristianismo desenfocado la excesiva preocupación por el decoro del edificio del templo y el escaso interés por cuidar el templo de Dios que es uno mismo y la Comunidad.

Cuando escucho a san Pablo decirme que soy “templo del Espíritu Santo” (1 Cor 3,16), lo primero que se me viene a la mente es que estoy llamado a ser Santo, porque ¿dónde va a habitar Dios si no es en un lugar santo?

Me paro y reflexiono. ¿Temor o agradecimiento? Ser santuario de Dios es una gracia, una magnificencia indebida a mi insignificancia. O sea, que no me lo merezco. Y sin embargo, soy templo, lugar sagrado donde se da el encuentro con Dios; en mi interioridad se da la experiencia gozosa de “estar con Dios”. Dios viene a mi vida, el Espíritu Santo habita en mí. “Si alguno me ama vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23b).

 Es grande la gracia de ser templo del espíritu Santo y correlativa la responsabilidad de no profanar este templo que soy yo. La fe me interpela. ¡Qué ingrato que soy! No doy la talla, no respondo debidamente a mi condición de bautizado. ¿Cómo profano este templo de Dios que soy yo mismo?  Jesús me lo indica al señalar lo que puede hacerme impuro: “del corazón del hombre salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias. Estas son las cosas que hacen impuro al hombre” (Mt 15,19-20a), esto es lo que profana el templo que es mi ser. Y ¿qué es lo que mejor adorna y dignifica este mismo templo?: “las obras del Espíritu que son: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí” (Gal 5,22-23b)

También cada uno de los hermanos, cada hombre, es templo de Dios, su imagen más hermosa. Difamar al hermano, explotarlo de cualquier forma, minusvalorarlo, despreciarlo, o cualquier otro acto que le humille y degrade es una profanación. Lo dice claramente el profeta: “Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos,  quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento,  hospedar a los pobres sin techo,  cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos” (Is 58,6-7). Un culto agradable a Dios en el templo del hermano.

En este domingo Dios me invita a ser templo, casa de acogida para Dios y para mis hermanos los hombres, me enseña que el amor y la misericordia son mejores consejeros que el odio y la venganza, que la generosidad es más gratificante que  la racanería, y que la dignidad del hombre no está en sus obras -que siempre dejan algo que desear- sino en el hecho de ser templo de Dios, ”que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos”. Dios, que es perfecto, me respeta, me valora, me perdona, si Él actúa así conmigo, ¿cuál ha de ser mi respuesta? “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (cf Mt 5,38-48).
 
* * * * * * *
Para un comentario más amplio del Evangelio de este domingo
clickar  en el siguiente enlace:
 
http://parroquiasanantoniodemerida.blogspot.com.es/2011/02/mejor-amar-que-odiar-7-dom-ord.HTML
 
 
En tu nombre .... blog de la Parroquia de san Antonio de Padua. Mérida (España)

Casto Acedo. Febrero 2014.
 

miércoles, 29 de enero de 2014

Experiencia y Esperanza

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Mal 3,1-4  -  Heb 2,14-18  -  Lc 2,22-40

El Evangelio de hoy nos presenta a tres grupos de  personas, diferentes en edad pero unidos por la ‘experiencia’ y la ‘esperanza’.  Ellos son: Simeón y Ana, personas mayores; José y María, jóvenes esposos; y Jesús, un niño de cuarenta días de nacido. Ciertamente, a juventud no es solo la falta de arrugas y de canas, la vejez no es solo la edad avanzada. Bien saben ustedes que ser joven es tener una causa a la que consagrar la propia vida (Mons. Helder Cámara).

José y María van a Jerusalén
*Después que María de Nazaret acepta ser la madre de Jesús,  va de prisa a las montañas de Judea para visitar a su prima Isabel.  Desde aquellas montañas, ambas mujeres gestantes alzan su voz:
-Para defender la dignidad de la mujer, frecuentemente pisoteada   por una sociedad machista: Bendita eres entre las mujeres
-Para valorar el don de la vida de los más indefensos, a saber,
 los que están en el seno materno: Bendito es el fruto de tu vientre
-Para anunciar la actuación de Dios en una sociedad injusta:
 Dios derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes,
 colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos (Lc 1).
 Más tarde, Jesús retomará estas palabras de María su madre,
 y proclamará su mensaje liberador para: los pobres, los hambrientos,
 los que lloran, los que son odiados, excluidos y despreciados (Lc 6).
*Meses después, José y María -jóvenes esposos- van a Belén.
Allí, en un establo, María da a luz a Jesús su hijo primogénito, porque
no había sitio para ellos en la posada. Sin embargo, en aquel establo
hay lugar para recibir la visita de los pastores, y escuchar la alabanza
de los ángeles: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz (Lc 2).
*Cuarenta días después José y María, fieles a la tradición (Lev 12),
van al templo de Jerusalén, presentan al niño Jesús, y hacen
la ofrenda propia de los pobres (LG, 57). Allí también, Simeón y Ana
-personas mayores- bendicen a Dios porque viene a liberarnos.

Simeón y Ana van al templo
Los campesinos saben que hay un tiempo para sembrar la semilla,
abonarla, regarla, cultivarla… Hay un tiempo para mirar cómo crece,
florece y brotan los primeros frutos… Y un tiempo para cosechar…
Simeón no forma parte de los funcionarios del templo de Jerusalén.
Es un hombre justo y piadoso que espera la liberación de su pueblo.
Por eso, cuando José y María llegan al templo llevando al niño Jesús,
Simeón, conducido por el Espíritu Santo, va al encuentro de ellos,
toma al niño Jesús en sus brazos y bendice a Dios diciendo:
Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, porque
mis ojos han visto la salvación… la luz que ilumina a las naciones.
Ciertamente, uno es el que siembra y otro el que cosecha (Jn 4,34ss).
¿Decimos lo mismo sobre nuestra labor pastoral? ¿Hay continuidad?
Luego, Simeón se dirige a María para decirle: Este niño será signo
de contradicción, pues unos le aceptarán y otros le rechazarán;
y añade: en cuanto a ti, una espada de dolor te atravesará el corazón.
Años más tarde, Jesús morirá crucificado pero resucitará al tercer día.
De Ana, viuda y anciana, se dice expresamente que es ‘profetisa.
Ella también va al templo y, desde que ve al niño Jesús, alaba a Dios
y habla del niño a todos los que esperan la liberación de Jerusalén.
Más adelante, Jesús acogerá a muchas mujeres como discípulas,
les devuelve su dignidad y les confía la misión de anunciar el Reino.
Hoy, en nuestras comunidades cristianas, casi no existe el ministerio
profético. Por este motivo, es bueno recordar lo que dice San Pablo:
Dios ha querido que en la Iglesia haya en primer lugar apóstoles,
en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros… (1Cor 12,28).

El niño Jesús crece en edad, sabiduría y gracia
El evangelista Lucas termina, todo lo referente a la infancia de Jesús,
con estas palabras: El niño crece en edad, sabiduría y gracia.
Jesús, que ha recorrido las etapas de vida de toda persona humana,
es el camino, la verdad y la vida para niños, jóvenes y adultos:
Ustedes jóvenes van a recibir la antorcha de manos de sus mayores
y van a vivir en el mundo en el momento de sus más gigantescas
transformaciones. Ustedes, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las
enseñanzas de sus padres y maestros, van a formar la sociedad de
mañana; se salvarán o perecerán con ella (Mensaje del Vaticano II). 
J. Castillo A.